El corrupto exgobernador de Córdoba, Alejandro Lyons, acaba de hacer el mejor negocio de su vida. Después de haber saqueado a su departamento durante cuatro años consecutivos, logró que la justicia lo condenara a tan solo 5 años de prisión, además de devolver la irrisoria suma de $4 mil millones de pesos.

De acuerdo con el actual gobernador de ese departamento, el suspendido Edwin Besaile, durante la administración de Lyons, se perdieron más de $150 mil millones de pesos. Los robos se propiciaron por todos los frentes. Las regalías fueron saqueadas a través de una compleja red de ONG ficticias, todas ellas coordinadas por Jairo Zapa, quien era el testigo estrella de esa empresa criminal. Cuando la justicia estaba a punto de capturar a Zapa, éste fue asesinado y su cuerpo enterrado en una finca de propiedad de la familia Lyons.

Al decir popular, Lyons la sacó muy barata. Se enfrentaba a más de 30 años de prisión y solamente estará 5, sin contar que en el camino un juez de ejecución de penas resuelva hacerle alguna rebaja adicional por buen comportamiento, trabajo y estudio. Así mismo, el dinero que tendrá que devolver no se compadece con el monto saqueado en el departamento de Córdoba. Es evidente que Lyons no se apropió del 100% de la plata robada y que esta se repartió con diferentes personas. Y en ese punto es donde la fiscalía justifica el acuerdo suscrito con él: Colombia debe conocer exactamente quiénes fueron sus cómplices en ese desfalco.

Lyons y Edwin Besaile, señalados por haber desfalcado al departamento de Córdoba

Lyons tiene el deber de hablar y revelar la totalidad de los nombres de aquellos que se concertaron con él para apropiarse del dinero de las regalías, de la salud y de la educación en su departamento. El Estado, a través de la administración de justicia, tuvo un gesto de extrema –para muchos excesiva- generosidad con el delincuente confeso Alejandro Lyons. Ese sujeto, no puede ser inferior y en aras de la reciprocidad, está obligado a contar con lujo de detalles cómo operaba y quiénes integraban el entramado criminal que él lideró.

No es en absoluto aceptable que el Estado solamente vaya a recuperar míseros $4 mil millones de pesos, cuando el robo fue muchísimo más grande.

La negociación con Lyons estuvo mal planteada. Primero, el Estado debió tener en su poder el dinero robado y después sí negociar la pena que le fue impuesta, pues los colombianos estamos expuestos a que Lyons, que es un criminal nato, recurra a toda suerte de artimañas para hacerle el quite al compromiso y al final del día termine entregando unos cuantos bienes inservibles, o pactando un “plan de pagos” risible, como el que en su momento hizo el recientemente capturado coronel Hugo Aguilar, quien para satisfacer una multa de más de $6 mil millones, hacía desembolsos mensuales de quinientos mil pesos.

El acuerdo con Lyons es una nueva afrenta al pueblo cordobés, sobre todo a los sectores más pobres de ese departamento que sufrieron en carne propia las consecuencias del robo que protagonizó ese individuo.

El mensaje que queda después de todo este lamentable episodio es que el delito sí paga en Colombia. Al final de cuentas, los corruptos tienen en Lyons un antecedente que les resulta bastante atractivo: robar más de $100 mil millones de pesos y cometer otros delitos, luego negociar con la justicia, devolver un porcentaje ínfimo del monto robado y devolver pagar solamente 5 años de cárcel en un centro penitenciario con todas las comodidades. Alejandro Lyons es el ejemplo de que en Colombia, ser pillo sí paga.

@IrreverentesCol

Publicado: febrero 23 de 2018