La historia demuestra que las campañas políticas que caen en el triunfalismo, pierden. Por supuesto que hay excepciones, pero bien vale la pena revisar ejemplos que resultan pertinentes para entender los riesgos en los que puede caerse si quienes acompañan al candidato Hernández continúan por la senda de que estas elecciones ya están ganadas.

En 1998, el candidato continuista del narcorégimen samperista era Horacio Serpa. En la primera vuelta ganó y se creyó que era improbable que en la segunda Andrés Pastrana pudiera imponerse.

Serpa daba por descontada su victoria y a la hora de la verdad el pueblo le propinó una merecida tunda. 

De cara a las elecciones de 2002, volvió a pasar. La discusión se limitaba a definir si Serpa ganaba o no en la primera vuelta. El triunfalismo de la campaña liberal era desbordado. Hasta la esposa del aspirante se fue a Europa a comprar el ajuar de primera dama. Apareció Uribe en la gesta y, contra todos los pronósticos, ganó aquellas elecciones. 

En 2014, el uribismo fue el encargado de caer en el triunfalismo luego de que Óscar Iván Zuluaga obtuviera la mayor votación en la primera vuelta. La soberbia del candidato y de su equipo era nauseabunda. No caminaban; levitaban. Bajaron la guardia y Santos, tramposo y mañoso, les arrebató la victoria. 

En elecciones locales, hay dos ejemplos muy claros: las campañas por la alcaldía de Medellín en 2015 cuando ‘FIco’ Gutiérrez le ganó al Centro Democrático por 10 mil votos a pesar de que todas las encuestas daban por ganador al candidato uribista Juan Carlos Vélez. 

Volvió a pasar en las de 2019. El aspirante del CD Alfredo Ramos dejó enceguecerse por los sondeos que le eran favorables. Cayó en el triunfalismo y terminó derrotado por alias ‘Pinturita’.

Estos ejemplos para llamar la atención de quienes acompañan y aconsejan a Rodolfo Hernández. Hay que decirlo: su paso a segunda vuelta despertó la esperanza en muchísimos colombianos que saben que con él es mucho menos difícil ganarle a Petro.

El ingeniero ganó con un discurso de confrontación a las estructuras partidistas tradicionales. Su campaña ha sido la de un ‘outsider’ y su estrategia le ha dado resultados. Sin hacer manifestaciones, ni poner vallas o colgar pasacalles, sacó casi un millón de votos más que Gutiérrez en la primera vuelta. 

Es natural que Hernández quiera desmarcarse de los partidos tradicionales y de las corrientes políticas que en su criterio puedan resultarle nocivas. 

Pero se equivoca con el exceso de agresiones -que rayan en la vulgaridad- a los uribistas. Nadie espera que de ganar quiera gobernar con los uribistas. Ni más faltaba. 

El mayor anhelo de millones de personas que se disponen a votar por él en las elecciones del 19 de junio, es que con él habrá la seguridad de que en 4 años hay elecciones libres. Eso es más que suficiente.

Claro que existe un “rodolfismo”, pero es más grande el antipetrismo. Y eso no puede ser soslayado por el intemperante ingeniero que tampoco puede olvidar que la diferencia en votos que Petro le lleva es muy grande y no muy fácil de remontar. 

El exalcalde de Bucaramanga no se está enfrentando a un arcángel sino a un tipo que se está jugando el todo por el todo en estas elecciones y que, además, se ha aliado con lo más sucio y tramposo de la clase política colombiana. 

Uno de los atractivos de Rodolfo es, precisamente, su forma de ser que para algunos resulta burda, ordinaria, soez y hasta vulgar. Pero no todos los ciudadanos están dispuestos a que la persona que espera recibir sus votos los maltrate sistemáticamente con palabras de alto calibre y descalificaciones a todas luces desproporcionadas. Igual, habrá que soportar con estoicismo las agresiones, pues más vale un energúmeno con desequilibrios mentales en el gobierno, que un tirano como Petro en el poder.  

Tal vez los malos tratos del ingeniero sean fruto del triunfalismo que pueda estar experimentándose en su campaña. El repite que su compromiso es con el pueblo, pero pareciera que olvida que los más de 3 millones de uribistas que aún hay en Colombia también son pueblo. 

Que enciendan las alarmas. Ellos no ganaron la primera vuelta y están enfrentándose a un sujeto capaz de cualquier cosa. 

El presidente Turbay enseñaba con mucha sensatez que en política hay que saber manejar únicamente dos operaciones aritméticas: sumar y multiplicar. ¡Pilas con eso ingeniero!

@IrreverentesCol

Publicado: junio 6 de 2022