No se entiende la decisión del Presidente de, como parece que va a suceder, designar al General Alberto José Mejía como embajador de Colombia ante Australia, en lo que no es otra cosa distinta a un premio para uno de los mayores responsables de arrodillar al Ejército Nacional y las Fuerzas Militares ante las Farc mientras el Gobierno Santos les entregaba cuanta concesión querían.

¿Por qué si hay tan buenos profesionales en la carrera consular de la Cancillería o, inclusive, políticos de basta trayectoria en el Estado que no solamente tienen las calidades académicas requeridas, sino que han sido fieles a las ideas que llevaron a la Presidencia a Iván Duque, se designa en este importante cargo a una de las personas más cercanas a Juan Manuel Santos?

La respuesta, sencillamente, no existe o por lo menos no es entendible para el electorado que masivamente apoyó la propuesta de cambio en las pasadas elecciones presidenciales y que hoy tiene que ver cómo se recompensa con este importante cargo al oficial consentido del “nobel de paz”, quien permitió que bajo su gestión se aumentaran los cultivos de coca a 200mil hectáreas, se suspendieran los bombardeos, se perdiera el control territorial de zonas claves como el Catatumbo  y amentaran delitos como la extorsión en varios departamentos del País.

El General Mejía, hay que recordar, llegó a su apogeo dentro del Ejército Nacional durante el Gobierno de Juan Manuel Santos. En esa administración lo designaron Comandante de la División de Aviación -que es la joya de la corona de la institución y hoy atraviesa por serios cuestionamientos por presuntos manejos presupuestales indebidos-, del Ejército Nacional y finalmente del Comando de las Fuerzas Militares.

Además, llegó a tal punto de lagartería con Santos que condecoró a su hijo, Esteban, tras haber prestado su servicio militar en la institución -como si con esa acción hubiera sido un punto de quiebre en la historia del País-, mientras que miles de soldados que realmente se parten el lomo a diario cargando en sus espaldas con la responsabilidad de defender al País son olvidados por parte de los altos mandos que, como este, prefieren acercarse con zalamerías con el gobernante de turno antes de liderar con ejemplo y determinación a una tropa que requiere de una moral en alto.

Por eso, no se entiende este nombramiento. Como tal, que haya funcionarios que pasen de una administración a otra, en especial cuando estas representan un modelo ideológico diferente, aunque no es lo más deseable puede llegar a ser posible debido a sus conocimientos técnicos en el manejo del Estado o en aras de lograr una mayoría parlamentaria que le de gobernabilidad al mandatario de turno.

Sin embargo, realizar esa acción con una de las personas más cercanas a Juan Manuel Santos, quien no solamente es la antítesis del Centro Democrático, sino que en su Gobierno hizo todo lo que estuvo en sus manos para perseguir a los miembros de la colectividad, es un acto de incoherencia política que hiere la confianza de las bases que eligieron la actual administración.

Ojalá que el Presidente Duque, que no tiene una labor sencilla revirtiendo el nefasto narcolegado que dejó Santos, reconsidere ese nombramiento y, en cambio, designe a un profesional cercano al modelo de País que eligieron las mayorías en junio del año pasado.

@LuisFerCruz12

Publicado: junio 5 de 2019