El cambio es la constante del mundo que vivimos. Pero, para que se mantenga dentro del redil de la ética, ese cambio no puede desligarse del soporte institucional que caracteriza las democracias. Si queremos progreso y no caos, tenemos que esforzarnos por tener un nivel cultural que nos permita hacer cambios inteligentes y constructivos y evitar acciones destructivas que pueden resultar irremediables y destruir los fundamentos del pacto social. 

Hoy el manejo de masas a través de medios digitales tiende a movilizar las personas llevándolas primero a actuar, luego a sentir y después a pensar, en lugar de pensar, sentir y luego actuar con coherencia y un propósito loable. Esa parece ser, la secuencia con la cual se manifiesta la generación de los “milenials” a quienes todo les llega por un domicilio y a cuenta del trabajo de sus padres. 

De manera vertiginosa pasamos como civilización en menos décadas de las que se cuentan en los dedos de una mano y gracias a la conectividad energética y al conocimiento que desarrollamos sobre ella, de una industrialización mecánica de empresas caracterizadas por bienes e inventarios, a una economía que se globalizó bajo el concepto de empresas que operan bajo una caracterización de servicios dinámicos y que hoy más que nunca requieren de la tecnología y la digitalización para lograr su supervivencia.

Hace ya más de 30 años que los cambios son absolutos y la obsolescencia llega cada 18 meses que es el tiempo que se toma el mercado para adoptar una tecnología y prepararse para su nueva versión. Todo gracias al paso de la conexión análoga a la economía digital en la cual, el procesador, la base de datos relacional, la Red como ecosistema global y la computación individualizada nos llevó a ser una sociedad del conocimiento convergente que hoy transita entre la economía digital y la economía del comportamiento (Behavioral Economics) la cual podemos definir como una economía tecnológicamente convergente. EC = SUM.:( BIO + INFO + COGNO +NANO).

Hoy todo cambia a una velocidad donde la anticipación es el vector diferencial entre el éxito y el fracaso, entre la supervivencia o la desaparición, entre el crecimiento y el decrecimiento, entre el progreso o el rezago, entre una cultura o un analfabetismo digital que termina por ser el mayor factor alienante en medio de la universalización del conocimiento. 

Lo anterior nos deja concluir que el conocimiento humano se ha convertido en un túnel del tiempo al futuro que mediante la sumatoria de las convergencias científica, tecnológica y digital nos permite, más que nunca antes, ser los arquitectos de nuestro destino mediante la conjunción de la codificación y la computación de gran capacidad, que pasó de un mundo de conexiones análogas a combinar hoy los alfabetos Digital (I,O), Genético (A,T,C,G) y Sintético (X,Y).

Al juntar las piezas del rompecabezas científico que hemos venido armando desde el
Siglo XII, antes del renacimiento de las artes y las ciencias, la aceleración del conocimiento y de nuestros procesos de civilización es cada día mayor. Pasaron 400 años desde que Newton (1642 – 1727), descrito como el filosofo de la naturaleza (Matemático, Astrologo, Físico y Teólogo) nos introdujo a las leyes del movimiento y la gravitación; Mijaíl Lomonosnov 1748 (Gran Polímata) nos llevó a comprender la conservación de la Materia como una función química; y Antonie Lavoisier 1785 (Químico, Biólogo, Economista) nos enseñó que la “Energía no se crea ni se destruye, se transforma”. Así fue como primero descubrimos el fundamento de la termodinámica:  
∆U = Q + W. Donde; U = Energía interna dentro de un sistema, Q = Cantidad de Calor, y W = Trabajo. Luego empezamos a manejar los principios de Eficiencia o Rendimiento y Degradación Energética. Así pasamos de la fuerza del caballo y el buey, a los caballos de fuerza de los motores la electrificación, la industrialización, la aviación, y las comunicaciones en un siglo y medio donde el mañana depende más de la comprensión del ayer mientras que el hoy parece estar siempre retardado.

Hoy contamos con el engranaje que representa haber ensamblado lo que conocemos como “convergencia del conocimiento”: Científica/ Tecnológica / Digital (CTD). Un fenómeno mediante el cual los seres humanos hemos descubierto que, “Dios está y siempre ha estado en los reinos de la naturaleza”, algo que apenas empezamos a comprender, así como a saber la forma de aprovechar eficientemente toda la energía que genera la actividad de nuestro planeta.

En solo una breve porción de nuestra existencia en esta pequeña y delicada atmosfera, que si acaso se puede comparar, es como la ínfima y débil membrana que separa la cascara, la clara y la yema de un huevo, pasamos de siglos donde solo podíamos observar la energia eléctrica en la naturaleza, a poderla capturar y entender, manejar y convertir en térmica y descubrir las leyes de la termodinámica, a partir de las cuales se mueven hoy todos los mensajes que nos conectan.

Hemos descubierto desde el nivel molecular, atómico o lo que se conoce como quántico, las dimensiones, cambios o mutaciones y procesos que recorre el tiempo en cada elemento de vida y de los demás elementos que conforman nuestro mundo, las que ha recorrido en el pasado y las que puede recorrer en el futuro.

Hoy mediante el conocimiento convergente, los hombres pasamos a ser los artistas que, con el pincel de la ciencia y la tecnología asociadas a la convergencia digital, con los sistemas computacionales como extensión de nuestra mente y nuestras ideas, dibujamos la evolución de la propia naturaleza y su capacidad generadora y evolutiva, sea ella animal, vegetal, de los elementos minerales y de los nuevos materiales que se están creando a partir del todo el conocimiento y las capacidades que estamos acumulando.

Colombia es una fuente de poder energético para la humanidad, de biodiversidad y de vida. Aprendamos a utilizar estratégicamente y con la tecnología más avanzada la riqueza de nuestros recursos naturales presentes en el subsuelo nacional para poder así mejorar las condiciones de vida y superar la pobreza que habita nuestro suelo. La tecnología de producción ambientalmente responsable existe, debemos demandar su utilización.

Ignorar o negar los efectos nefastos de la deforestación y el daño ambiental para la producción ilegal de cocaína y la minería y extracción ilegal, no es el camino. Las cosas se pueden hacer bien en la medida que nuestros jóvenes se preparen a conciencia y responsablemente para el futuro. No son el vicio, el vandalismo, ni la protesta social al servicio del populismo político, los ámbitos adecuados para formar una sociedad diferente y caracterizada por individuos cultos y responsables.

La llegada de la economía del comportamiento convergente nos ofrece la posibilidad del progreso. No son los políticos sino los científicos y los técnicos quienes con ética nos pueden salvar de la autodestrucción de la democracia y la libertad por fuera del marco del orden.

La esperanza está en que llegue una nueva generación que se dedique a sumar no a restar, a estudiar y construir en lugar de protestar, que no se deje llevar por las fuerzas inconscientes de la protesta incubada en intereses perversos e ideas populistas que cabalgan por los caminos de la insatisfacción popular,  desplegando el vandalismo y el odio de clases que divide en lugar de multiplicar.

Una nueva percepción de la economía del comportamiento convergente invita a entender de forma más fácil y tal vez en una secuencia que reduzca la complejidad y profundidad científica, los conceptos o las bases más elementales que ya están determinando el cambio que nos transporta al futuro. Justo en medio de una pandemia que hace parte de los ciclos históricos evolutivos y que ha generado una depresión económica y social que sin duda ya manifiesta consecuencias grandes, relacionadas con nuestra forma de vida, nuestra convivencia, los componentes políticos o los pactos sociales de los que se desprende toda nuestra normativa y en nuestra relación con el planeta que habitamos y sus propias condiciones de vida. 

El conocimiento actual es una invitación abierta a pensar diferente, a mirar que nuestro nivel cultural no debe dejarnos enganchados en discusiones ideológicas que ya debían estar superadas pues eran formas de tratar de entender lo que ya hoy no tenemos que buscar pues sabemos muchas más respuestas y tenemos certeza de cómo opera la creación de la vida y la mutación de la misma. 

Vamos camino al “Estado Eléctrico” como comunidad que se dedica a transformar la energía, sin la cual toda la materia seria una masa inerte y no una fuerza cambiante, evolutiva y que cada vez nos empodera más en el objetivo de ser una civilización que se nutra de la cultura del conocimiento.

Luis Guillermo Echeverri

Publicado: octubre 19 de 2020