Observadores políticos aún no salen de su asombro con la situación política del Perú. Se preguntan cómo fue posible que un sujeto tan elemental y rústico como Pedro Castillo pudo llegar al punto en el que se encuentra, a pocos votos de ser aclamado como próximo presidente de ese país.

Basta con revisar los videos completos de las entrevistas que ha concedido quien hasta hace pocos meses era un perfecto desconocido, para concluir que se trata de un individuo sin formación de ninguna naturaleza, sin claridad conceptual, pero con un objetivo perfectamente claro: introducir el más brutal y despiadado régimen comunista en Perú.

Castillo Terrón es un tipo perfectamente iletrado que en el pasado fue profesor de escuela. En su juventud hizo parte de los grupos paramilitares peruanos, conocidos como las ‘Rondas Campesinas’.

Su carrera en la política se concentró en la empobrecida región de Cajamarca, en el noroccidente peruano. En 2002 aspiró a la alcaldía de Anguia pero fue derrotado.

En 2007, el cabecilla comunista y aliado de la banda terrorista ‘Sendero Luminoso’ Vladimir Cerrón fundó al denominado ‘Partido Político Nacional Perú Libre’. Se trata de una colectividad de extrema izquierda que se presenta como “marxista-Leninista” que también se guía por las ideas de José Carlos Mariátegui, quien fue el inspirador del partido comunista peruano a principios del siglo pasado.

Cerrón es un delincuente nato. Además de su íntima amistad con el cabecilla de ‘Sendero Luminoso’ Abimael Guzmán, ha estado involucrado en vulgares actos de corrupción que le valieron una sentencia condenatoria.

Cerrón, efectivamente, participó -y así lo pudo comprobar la justicia peruana- en la falsificación de documentos con los que pudo perfeccionar un desfalco en la remodelación de un hospital para gente de escasos recursos. Igualmente, como gobernador de Junín lideró una trama de corrupción con ocasión del proceso de contratación de las obras de saneamiento de una pequeña y alejada población. Vergonzosamente, el comunista robó el dinero destinado a mejorar la calidad de vida de los más pobres.

La justicia dictó sentencia, ordenando su arresto, pero meses después la pena fue conmutada y se le permitió pagar por su delito en libertad.

De cara a las elecciones presidenciales, Cerrón necesitaba a un monigote que se prestara para que él pudiera hacer campaña en cuerpo ajeno.

Castillo fue la persona seleccionada. Un ser incapaz mentalmente, al que le cuesta plantear una idea o siquiera hablar de corrido durante más de 10 segundos.

Durante la campaña presidencial, se concentró en incendiar los ánimos de las clases menos favorecidas del Perú, estimulando -como hace Petro en Colombia- el odio de clases y amenazando de muerte a la democracia de su país.

En el programa de gobierno que el intentaba repetir -que fue delineado por Cerrón- se encuentran puntos sumamente delicados. De ganar, como todo indica que sucederá, convocará a una asamblea nacional constituyente para hacer una Carta a la medida de los comunistas. Los poderes públicos serán aplastados por el poder presidencial, los medios de comunicación intervenidos, las empresas privadas perseguidas y muchas de ellas nacionalizadas.

Entre lo poco que puede entendérsele a Castillo, que no tiene fundamento ninguno en economía, es que destinará el 10% del Producto Nacional Bruto a la educación. Es evidente que dicha promesa será incumplida, pues habría que adjudicar casi todo el presupuesto nacional para ese propósito. Sería prudente que alguien le enseñe al señor que hizo campaña con un lápiz inflable, la diferencia entre en PNB y el presupuesto público.

Castillo será un presidente marioneta, emulando a lo sucedido en Argentina en 1973, cuando Perón hizo que un descarado adulador suyo, Hector José Cámpora fuera elegido como presidente de la República bajo el slogan de “Cámpora al Gobierno, Perón al poder”.

Cámpora era un perfecto inútil que escasamente sabía extirpar dientes, pues su “profesión” era la de dentista empírico. El gobierno de Cámpora fue un caos total. En cuestión de días se produjo el desplome administrativo. Perón trató de gobernar desde su casa, pero le fue imposible. La marioneta no funcionó y un mes y medio después de haber tomado posesión, el incompetente sacamuelas tuvo que renunciar.

Es previsible que Pedro Castillo será un simple firmón y su permanencia en el poder dependerá de la disciplina con que cumpla las instrucciones del siniestro delincuente Vladimir Cerrón quien, como aseguran sus socios políticos, ha tomado el poder en Perú para hacer de ese un país comunista.

@IrreverentesCol

Publicado: junio 10 de 2021