“Mal ejemplo” del que se habló en campaña del plebiscito fue uno de esos mantras que se repitieron para oídos sordos.

Los detractores del uribismo han llegado a cansarse de un cúmulo de frases que, demasiadas veces repetidas en el discurso del Centro Democrático han perdido su efectividad para comunicar el mensaje que pretenden. El “mal ejemplo” del que se habló tantas veces en la campaña del plebiscito fue uno de esos mantras que se repitieron tantas veces para oídos sordos. Ahora, más allá del poder comunicacional del discurso, éste era  sin duda el más fuerte de los argumentos de quienes defendieron la opción del NO en el plebiscito. Perdida la refrendación pero sostenidas por el gobierno las concesiones que se daban a las Farc en el acuerdo que el pueblo rechazó, tendremos la lamentable oportunidad de ver materializadas las consecuencias de ese “mal ejemplo”.

El jueves pasado se dio por fin la liberación de Odín Sánchez, que por supuesto celebro.  Muchos saltaron entonces a festejar que este sería el primer paso para encarrilar las negociaciones de paz con el grupo terrorista que le tenía prisionero. La paz – cuánto daño se le ha hecho a esa palabra que ya no parece poder desligarse de las connotaciones políticas que le manchan- será siempre un motor de esperanza, pero el proceso de negociaciones que se avecinan merecen un análisis más racional.

El problema con haber comprometido nuestra institucionalidad de la manera en la que se hizo con las Farc, es que esa institucionalidad pierde la solidez de la que depende. Haber hecho de nuestras instituciones elementos de negociación les ha asignado esa condición que es ahora irretractable. Cualquier grupo de hombres armados que  quiera desmovilizarse partirá  en adelante  de la premisa de que  merece un modelo propio de justicia transicional que ellos ayuden a diseñar a su conveniencia,  pensarán sus líderes que merecen sus propios artículos transitorios en la Constitución que les permitan luego participar en política, creerán ellos y con justificación que están posición de exigir voz en el Congreso de la República, por mencionar algunos ejemplos del daño que el gobierno hizo a nuestras instituciones para desmovilizar a seis mil hombres, sí seis mil.

De manera que  el Eln, que  se compone de la cifra casi ridícula de dos mil hombres,  no va a pedir menos concesiones. ¿Por qué habría de hacerlo? Si las instituciones en Colombia se negocian, no caigamos en la ingenuidad de pensar que esta guerrilla va a acogerse a lo que han pactado gobierno y  Farc. De hecho, algunos de sus cabecillas ya han manifestado que este no será el caso. No van a pedir menos, está claro, y esta será la primera materialización perversa de ese “mal ejemplo” pero no la última.

Al final la violencia en Colombia está perpetuada por el narcotráfico y no por las ideologías y hasta que no se logre acabar de una manera u otra con la raíz del problema, surgirán grupos de dos mil, o seis mil hombres con los que tendremos que negociar siempre que sean lo bastante astutos para ocultar sus intenciones lucrativas detrás de un discurso político y alguna excusa de revolución.

Lo cierto es que es muy improbable que se llegue a un acuerdo antes de que se acabe el periodo del presidente actual. Por ello, cualquier cosa que se hable en esa hipotética mesa estará manchada de incertidumbre para el grupo terrorista, que bien podría ver un cambio de aire en la política en 2018 que echaría por la borda todo lo que se haya pactado hasta el momento. Naturalmente la jefatura del grupo terrorista entiende que ésta no es la coyuntura ideal para iniciar la conversación.

No obstante, un cambio dramático en la agenda política del ejecutivo podría significar para el Eln una posición menos ventajosa en la negociación de cuanto ha probado dar el actual gobierno. Toda una encrucijada. Tendrían pues que avanzar tanto que el costo político de romper los diálogos resulte demasiado alto para quien reemplace a Juan Manuel Santos.

En todo caso quien le reemplace asumirá un gran reto frente esta negociación. Solo un cambio de timonel podrá devolverle lo sagrado a las instituciones que sostienen nuestro modelo de Estado.  Por culpa del “mal ejemplo” no será fácil desmovilizar a esos dos mil hombres sin hacer más daño a Colombia.

@daraujo644

Publicado: febrero 4 de 2017