A la JEP no la ha desacreditado la oposición uribista como han querido decir los voceros que aún le quedan al agonizante gobierno fallido de Juan Manuel Santos. Son las decisiones adoptadas y los escándalos en los que se han visto involucrados sus magistrados y asesores, los que desdibujan a ese tribunal espurio e ilegítimo, creado para garantizar la impunidad de los terroristas de las Farc.

Una de las razones que más motivó a los colombianos a votar por el NO en el plebiscito de 2016, fue la existencia de la JEP. Resulta inaceptable que en un Estado de derecho como el nuestro se establezca un mecanismo de justicia transicional que durará por lo menos dos décadas, con un poder prevalente, sin mayores controles y sin limitaciones reales.

El episodio de Sántrich es una muestra fehaciente de los desmanes de la JEP. Ese tribunal, que debe garantizar que los miembros de las Farc que cometan delitos después de la firma del acuerdo en noviembre de 2016 serán investigados y castigados por la justicia ordinaria, está intentando tapar el caso de narcotráfico en el que está involucrado ese cabecilla del terrorismo para garantizarle impunidad.

Resulta exótico que el rector de la universidad Externado de Colombia, Juan Carlos Henao, creador de ese monstruoso y nocivo mecanismo, continúe defendiéndolo. Si el fuera una persona con honor y dignidad, tendría la humildad de reconocer su equivocación y sumarse a quienes han propuesto introducirle ajustes fundamentales a la JEP.

Pero no. En reciente entrevista a W Radio, Henao tuvo la desfachatez de seguir ofreciendo respaldo al tribunal de las Farc al asegurar que “la JEP es un ejemplo para el mundo”. Parece que el rector de El Externado estuviera bajo el influjo nefando de sustancias psicoactivas que lo desprenden de manera irremediable de la realidad.

¿Ejemplo la JEP? Seguramente lo será pero para demostrar que tribunales como aquel no sirven para castigar a los responsables de crímenes atroces, sino para encubrirlos y garantizarles prebendas inauditas, como viajes de descanso a otros países.

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En tono cínico, el rector Henao le solicitó al país que “le demos un tiempito más a la JEP para empezar a ver resultados”. Dijo que será cuestión de dos o tres meses. ¿A cuáles resultados se referirá? ¿A las autorizaciones que seguramente se seguirán expidiendo para que los genocidas se paseen impunemente por el mundo entero? ¿A los gastos suntuarios en los que están incurriendo los magistrados de ese tribunal? ¿A los nombramientos innecesarios de asesores y magistrados auxiliares?

A la JEP no hay que darle más tiempo, porque jamás debió haber visto la luz del sol. El país votó mayoritariamente en contra de ese tribunal y no obstante el presidente Santos resolvió crearlo. Desde su origen, se trata de una entidad ilegítima cuyo único destino razonable es su disolución.

Las Farc deben ser sometidas a un procedimiento judicial que goce de legitimidad y que garantice que habrá sanciones efectivas a los responsables de crímenes de lesa humanidad. La JEP, en el peor de los casos, pondrá a los genocidas a cortar el césped de una cancha deportiva o a pintar unos murales en las regiones donde se cometieron las atrocidades.

Y para que aquellos cambios puedan ser llevados a cabo, corresponde que haya un gobierno decidido y comprometido con tal fin. Iván Duque lo ha dicho de todas las formas posibles: “Ni trizas, ni risas”. No se trata de destrozar el acuerdo con las Farc, pero tampoco de seguir complaciendo a esos delincuentes que no han siquiera empezado a reparar a sus víctimas.

La paz estable y duradera de la que tanto habló Juan Manuel Santos, sólo se puede edificar a partir de la justicia y de la garantía a las víctimas de que los perpetradores de los horrores serán castigados.

El narcotráfico, delito cometido por los mandos altos y medios de las Farc, no puede ser considerado como conexo a la rebelión. Si esa tesis equivocada y dañina llega a prosperar, Colombia se convertirá en un narcoestado y su destino será peor que el de Birmania.

Retomando el errado concepto del rector Juan Carlos Henao en el sentido de que la JEP es un “ejemplo”, valga puntualizar que tal vez sí lo sea, pero para que ningún otro país del planeta cometa la bestialidad de seguirlo.

@IrreverentesCol

Publicado: junio 7 de 2018