Más de 250 páginas tiene el indictment presentado por la justicia norteamericana contra el terrorista, alias Jesús Sántrich. El documento narra de forma pormenorizada cómo se adelantó la operación encubierta que puso en evidencia que ese cabecilla de las Farc continuaba involucrado en el tráfico de estupefacientes, después de la firma del acuerdo espurio con Juan Manuel Santos, en noviembre de 2016.

El expediente de los Estados Unidos no deja espacio para las dudas: Sántrich es un mafioso de talla mayor. Un hombre que conoce y se mueve como pez en el agua en el mundo del narcotráfico. Gracias a los terroristas que las Farc no desmovilizaron, esos criminales continúan teniendo la capacidad de producir ingentes cantidades de clorhidrato de cocaína.

Como es sabido, la JEP –tribunal creado y diseñado para encubrir todos los delitos de las Farc- está buscando la manera de salvar a Sántrich de la extradición a los Estados Unidos.

De acuerdo con las pruebas aportadas por las autoridades de aquel país, es evidente que la negociación de esas 10 toneladas de cocaína se produjo después de la firma del acuerdo y se mantuvo hasta finales de febrero de este año.

Así mismo, uno de los socios del mafioso Sántrich, Fabio Simón Younes –también pedido en extradición- ha manifestado estar dispuesto a contarle a las agencias antidrogas de los Estados Unidos los pormenores sobre el funcionamiento del cartel de las Farc, después de la supuesta desmovilización.

Es evidente que detrás de Sántrich, caerá el capo de capos, el hoy fugitivo Iván Márquez, terrorista que huyó hacia las selvas del Caquetá cuando supo que está en la mira de la implacable justicia estadounidense.

Poco se ha vuelto a saber de Márquez, cuyo paradero es desconocido. Su última aparición fue a finales del mes de abril en un publirreportaje que le concedió al periodista involucrado en la Farcpolítica, William Parra.

Los miembros de la ilegítima JEP tendrán que hacer malabarismo jurídico para salvar a Sántrich de la extradición. Pero que nadie se extrañe si los magistrados de ese tribunal se inventan alguna figura exótica para asegurar que el delito fue cometido antes de la firma del acuerdo, o que en aras de la paz, es mejor que Sántrich no sea extraditado y en cambio de ello, asuma el próximo 20 de julio la curul en la cámara de Representantes que le regaló Juan Manuel Santos.

Las Farc no dejaron de ser una banda terrorista y narcotraficante. Sus principales cabecillas dejaron el camuflado para seguir delinquiendo desde las ciudades, vestidos de civil, protegidos por escoltas pagados por los contribuyentes y con la tranquilidad de que no serán molestados, gracias al blindaje jurídico que les obsequió Juan Manuel Santos.

El próximo domingo, los colombianos tienen en sus manos elegir a un presidente como Iván Duque que ha asegurado que en ningún caso el narcotráfico puede ser considerado como una conducta conexa a los delitos políticos.

El acuerdo que Santos hizo con las Farc –que según De la Calle fue lo mejor que se pudo hacer-, convirtió a Colombia en un narcoestado en el que los prontuarios de los más grandes narcotraficantes de nuestra historia fueron borrados y el cartel al que pertenecían, terminó convertido en un partido político legal.

Todas esas desviaciones deben ser revisadas y corregidas bajo un nuevo gobierno. El orden de las cosas es claro: los mafiosos como Sántrich deben ser enviados a los Estados Unidos y no al Capitolio Nacional.

@IrreverentesCol

Publicado: junio 13 de 2018