La violencia contra las mujeres se ha convertido en una constante de la vida de los colombianos. Casi a diario vemos con estupor, en las noticias o incluso en la calle, tristes escenas de violencia en las cuales un hombre, utilizando su fuerza agrede física y verbalmente a una mujer, casi siempre su pareja sentimental.

El ataque del jugador colombiano de Águilas Doradas, Hanyer Mosquera a su esposa, repugna. Se observa por las cámaras de seguridad del ascensor como él comienza a golpearla brutalmente a la cabeza, a tal punto que ella cae al piso y trata de cubrirse, pero como si no fuera suficiente, comienza a darle patadas, mientras ella intenta cubrirse como puede. Luego, el sale del ascensor como si nada pasara, dejándola abrumada e inmóvil por los fuertes golpes.

Hace unos días, seis mujeres valientemente denunciaron a Camilo Sanclemente por violencia verbal y física, y a pesar de que las fotografías expuestas evidencian su brutal violencia, el individuo continúa sin ser judicializado.

Estos son sólo algunos ejemplos de la triste situación que viven miles de mujeres en Colombia. Según el Director de Medicina Legal, Carlos Eduardo Valdés, hubo un aumento en los casos de violencia intrafamiliar reportados en lo corrido del 2016: 8.782 casos más con relación al mismo periodo del año anterior. El funcionario también alertó sobre el aumento en la severidad de las lesiones causadas y las reincidencias de los casos. Y causa mayor preocupación que muchas mujeres no denuncian estos actos de violencia, por falta de acceso, por temor o por dependencia económica.

La justicia debe responder. Es sumamente necesario que los denunciados sean judicializados con celeridad y que efectivamente sean llevados presos, para evitar que las mujeres continúen expuestas a mayor riesgo.

Pero para tomar acciones decididas sobre la violencia de género, también debemos exigir sanciones sociales a los agresores locales, aún más cuando por su oficio o profesión son vistos como un modelo a seguir, especialmente por los niños y jóvenes.

En otras latitudes se conocen casos similares, también de futbolistas. El mejicano Cuauhtémoc Blanco y el hondureño Samuel Caballero, el primero agredió a su pareja sentimental y el segundo a su hermana. En donde además de las sanciones penales, llevaron sanciones sociales, la más importante: la cancelación de sus contratos con los equipos de fútbol a los que estaban vinculados.

De igual manera y prontamente, el equipo Águilas Doradas debe cancelar el contrato de Hanyer Mosquera, quien además debe ser expulsado de la Liga de Fútbol Profesional Colombiano. Los dirigentes deportivos colombianos son determinantes en liderar la función social en el Pais, más si se refiere al futbol, que tiene maxima acogida en los niños, jóvenes y adultos colombianos. Ellos tienen el deber moral de dar el mejor ejemplo a sus aficionados, y hacer ver a los colombianos que conductas como esa NO deben ser toleradas.

En algunos países como Chile, se implementó además de las sanciones penales y  económicas (a la víctima), la asistencia obligatoria a programas terapéuticos de orientación familiar, los cuales deben ser reportadós al juez dentro de un seguimiento especial sobre las sanciones penales aplicadas. En Argentina se desarrollan programas y tratamientos para el agresor, por profesionales o instituciones especializadas específicamente en violencia familiar, para lo cual han abierto esta especialidad como posgrado en algunas universidades.  En Colombia debería existir un programa como estos, pues es fundamental para que los casos de violencia no se repitan, a traves del cambio terapeutico de la conducta agresiva.

La cultura machista histórica de Colombia está aflorando en las estadísticas de violencia contra la mujer. Maltrato emocional, psicológico, económico, verbal y físico. El machismo mata, reproduce conductas insanas que destruyen familia, hijos y comunidad.

A veces, las conductas inician casi sin ser percibidas como violentas; el hombre le dice a la mujer como se debe vestir o  maquillar, controla sus amistades, la cela, la ridiculiza, desconoce sus opiniones, le reprocha todo comportamiento, le miente y arrasa con su autoestima. La violencia va aumentando hasta el punto de llegar a la amenaza, los insultos, empujones que luego se convierten golpes, puños, patadas y hasta casos fatales de homicidio.

Asegurar la justicia, motivar a las mujeres a denunciar, llevar a cabo sanciones sociales e implementar programas de recuperación es trascendetal y urgente para hacer entender al país, que violentar a una mujer no es tolerable. Empezando por nosotros mismos, aprendiendo a manejar las emociones y a respetar al otro, reconociendo que todos tenemos derechos. De esta manera también aportamos a la no violencia que tanto necesita el país.

 

@ForerohElvira