Los lebreles son perros adaptados para correr y cazar. Localizan a sus presas, las persiguen y luego de alcanzarlas, las matan.

Desde que está al frente de la Fiscalía en condición de encargado, Jorge Fernando Perdomo se ha convertido en una suerte de lebrel del exfiscal Eduardo Montealegre, persiguiendo y cazando a las personas que no son del agrado de su jefe y mentor.

La más reciente víctima del lebrel Perdomo fue la directora de la oficina de asuntos constitucionales de la Fiscalía General de la Nación, Caterina Hyeck quien hace unos días le envió a la Corte Constitucional una carta en la que argumentaba, con base en elementos sustentados, que los acuerdos que se suscriban en La Habana con las Farc no pueden catalogarse como “acuerdos especiales”, pues no cumplen los requisitos que sobre el particular impone el Derecho Internacional Humanitario.

La tesis de la doctora Hyeck, contradice, por supuesto, el argumento presentado por el exfiscal Montealegre. Lo increíble fue la manera como se desarrollaron los acontecimientos luego de que la funcionaria radicara su escrito en la Corte Constitucional. De manera inmediata, y alegando “pérdida de confianza”, el vicefiscal Perdomo, actuando como un lebrel le pidió su renuncia, contraviniendo una norma elemental de cortesía: la opinión o el concepto de un jurista merece ser respetado; incluso la libertad de opinión es un derecho humano que en el caso de esta funcionaria no fue respetado por el vicefiscal Perdomo quien desató una tremenda persecución contra la señora Hyeck.

No es la primera vez que ese tipo de actuaciones se presentan en la fiscalía de Montealegre y Perdomo. Cuando el entonces director de la unidad de Análisis y Contexto, el muy preparado fiscal  Alejandro Ramelli no quiso aceptar  el infantil informe de la consabida impostora Natalia Lizarazo García (alias Springer), la ira del omnipotente Montealegre se hizo presente, y no le bastó con la renuncia de Ramelli, sino que lo persiguió hasta que logró que lo despidieran como magistrado auxiliar del Consejo de Estado y que desconocieran su nombre como candidato a otras dignidades en la rama judicial.

Afortunadamente el prestigio de Ramelli le permitió que la Dra. Martha Sáchica, como magistrada encargada de la Corte Constitucional lo llamara como su magistrado auxiliar. Entonces, Montealegre le hizo llegar el mensaje de que no debía contratarlo, pero ella, con la tranquilidad propia de quien ha actuado siempre con entereza, rectitud y con la firmeza que le dan los valores que han rodeado su vida, ni siquiera entendió que se trataba de una amenaza, y a sabiendas de la calidad profesional de Ramelli lo vinculó a su despacho.

Pero la reacción no se hizo esperar. A los pocos meses, la Fiscalía General de la Nación decidió emprender una andanada de investigaciones contra Fernando Sáchica, hermano de Martha, imputando y pidiendo orden de captura contra él en cinco ocasiones, con cargos que por lo absurdos, fueron rechazados por los jueces. Según dicen, Montealegre le hizo llegar el mensaje a la doctora Sáchica de que las investigaciones contra su hermano era el costo que ella debía asumir por no haber atendido su instrucción de no contratar a Ramelli.

Alejandro Ramelli, Martha Sáchica y Caterina Hyeck, han sido perseguidos

por la Fiscalía por no cumplir la voluntad de Montealegre y Perdomo

Ese estilo de amedrentar a quienes no marchan a su ritmo se ha visto en otros episodios. Perdomo, sin competencia alguna, se presentó en el Senado de la República a presionar a los senadores cuando estaban oyendo en la plenaria el auto de acusación que hizo el cuestionado representante a la Cámara, Julián Bedoya, contra el magistrado Jorge Ignacio Pretelt Chaljub.

Como era de esperar, en estos meses de encargo, Perdomo no ha avanzado en ninguna de las investigaciones respecto de Saludcoop o de los contratos de Natalia Springer y se ha concentrado, más bien, en perseguir a todos aquellos funcionarios de la entidad que no se han mantenido estrictamente obedientes a lo que él, reverentemente llama “el legado de Montealegre”.

No hay que olvidar que Perdomo fue el mismo que por venganza mandó a capturar al prometido de Cristina Plazas un día antes de su matrimonio o que la Corte Suprema de Justicia tuvo que llamarle la atención por los insultos a los jueces que no quisieron acceder a enviar a la cárcel a los funcionarios de Sandra Morelli.

Al fin de cuentas no se sabe quién es peor, pero lo que sí es cierto, es que entre estos dos personajes terminaron dando al concepto de abuso de autoridad unas dimensiones que jamás se habían visto en la historia de este país y lo hicieron sin temor, ni vergüenza, frente a la vista de todos, porque saben que aquel que algo les diga terminará, misteriosamente, investigado por alguno de sus fieles subalternos.

@IrreverentesCol