En reunión de la convención nacional del Centro Democrático se protocolizó la investidura de Óscar Iván Zuluaga como candidato de ese partido a la presidencia de la República. De acuerdo con los estatutos de la colectividad uribista, la convención, en su condición de máximo órgano, es la que designa candidatos presidenciales y otorga la autorización para que aquellos puedan hacer alianzas, coaliciones o acuerdos con otras fuerzas políticas. 

Uno de los asuntos más importantes tratados durante la convención fue la intervención de la representante de la empresa contratada para realizar la auditoría de las encuestas adelantadas por las firmas Yanhaas y CNC y cuyo resultado ha despertado malestar en el sector del uribismo que sigue a la senadora Cabal. 

Han quedado debidamente explicados los protocolos que se adelantaron durante la recolección de las muestras estadísticas. Aquello se cumplió con el rigor debido y, en principio, debe despejar las dudas que se han extendido a través de las redes sociales sobre la legitimidad del resultado. 

Debe insistirse en el respeto hacia quienes no estaban con Zuluaga. Es natural que en un proceso democrático se despierten pasiones y que la derrota no sea asumida con serenidad. Perfectamente legítimo que haya uribistas que, en las primeras de cambio, anuncien que no votarán por el candidato ganador. La libertad democrática permite que cada ciudadano escoja el candidato que mejor interprete sus ideas, anhelos, visiones y necesidades. 

Resulta desproporcionado hablar de una “disidencia” al interior del uribismo. El paso del tiempo calmará los ánimos como ha ocurrido en situaciones anteriores. Valga recordar la convención de 2014, en la que el grupo que respaldaba la aspiración del exvicepresidente Francisco Santos también adoptó una actitud hostil frente a la victoria de Zuluaga, o en 2018 cuando algunos de los seguidores de Rafael Nieto manifestaron su inconformismo frente a la designación del hoy presidente Iván Duque. 

Al final del día, los intereses nacionales, el propósito es fortalecer a la democracia y de protegerla frente a las amenazas que se ciernen sobre ella.

El camino que sigue es largo y lleno de dificultades. Las peleas y las expresiones de inconformismo -que no son pocas- tramitadas a través de las redes sociales, son inevitables. Tratar de impedirlas es un esfuerzo inane. Hay que permitir que la serenidad vuelva a imponerse para construir entre todos la mejor opción posible. Acá no hay nada ganado ni definido.

Sin coalición no hay posibilidad ninguna de pasar a la segunda vuelta. El número de candidatos de centro y de centro-derecha es bastante grande, con lo que el riesgo de que al ballotage pasen Petro y el exalcalde de Bucaramanga Rodolfo Hernández es muy alto. 

Se equivocan quienes pretenden imponer una suerte de ‘cordón sanitario’ al uribismo, como la señora Dilian Francisca Toro. Ella, que ha estado metida en todos los escándalos de corrupción posibles y cuya biografía está colmada de zonas putrefactas es la menos indicada para hablar de vetos contra un sector importante y respetable como es el uribismo. 

Lo mismo sucede con el santista Juan Carlos Echeverri, autor intelectual y material de la operación de corrupción política más grande y nauseabunda de la historia nacional, conocida como la ‘mermelada’. El exministro de Santos -responsable de la politización de Ecopetrol- debería concentrarse en la consecución de las firmas que avalen su fallida aspiración y no en torpedear ni maltratar al partido de gobierno. 

Lo cierto es que es hora de sentarse, con cabeza fría, a leer la realidad política nacional ponderando todos los riesgos y buscando alternativas sensatas para emprender con algún nivel de eficacia la campaña política que hasta ahora comienza. Flaco favor prestan las teorías conspirativas con las que se busca interpretar hechos del pasado. El candidato del Centro Democrático, porque así lo determinaron encuestas realizadas por dos de las más prestigiosas firmas de Colombia y lo confirmó la convención nacional del CD, es Zuluaga quien llega con el mandato de hacer campaña pero, ante todo, de negociar las condiciones para una coalición que se mida en una consulta interpartidista en marzo del año entrante. 

@IrreverentesCol

Publicado: noviembre 28 de 2021