Que nadie se llame a engaños: el próximo 25 de mayo, el país no regresará a la normalidad, cuando se cumpla el plazo del confinamiento obligatorio decretado por el Gobierno nacional. 

La cuarentena no es, ni mucho menos, la vacuna contra el COVID-19. Era perentorio resguardar a las personas en sus respectivas casas, para reducir el volumen de contagio mientras se perfeccionaba la atención médica que se requerirá para aquellos que deban ser remitidos a cuidado especial.  

Esta crisis tomó por sorpresa a todos los gobiernos del planeta, y Colombia no fue la excepción. Nuestra red hospitalaria reflejaba un grave déficit en la capacidad instalada en materia de respiradores en las unidades de cuidados intensivos. 

Los pacientes más graves tienen que ser atendidos en UCI para efectos de ser intubados, mientras disminuye la afectación del virus. 

Se concluye entonces que la cuarentena ha sido necesaria para ganar tiempo precioso en la adquisición de ventiladores y la respectiva adecuación de los mismos en los diferentes hospitales de nuestro país.  

Poco a poco, los países han ido reiniciando sus economías. Europa, continente implacablemente castigado por el COVID-19, está volviendo a la “normalidad”, manteniendo la premisa del distanciamiento social, lo que se refleja en la prohibición de una reapertura plena de restaurantes, bares, hoteles, espectáculos y certámenes deportivos, entre otros. 

Se ha convertido en un lugar común la tesis de que la humanidad tiene que acostumbrarse a convivir con el virus, mientras los científicos desarrollan la vacuna contra el mismo. 

Pero aquello tomará tiempo, tanto en el desarrollo de la aclamada vacuna, como la fabricación y su posterior dosificación. 

Para que el virus sea controlado plenamente, hay que inmunizar a la totalidad de la humanidad, proceso que tomará años. 

Y el mundo no puede paralizarse mientras aquello sucede. Hay que sacudirse y comenzar de nuevo. Las personas necesitan trabajar, los estudiantes seguir con su formación académica, los empresarios salvar -si lo logran- sus respectivas industrias. 

El virus no puede continuar doblegando a la especie humana como lo ha hecho desde comienzos de año. 

Desafortunadamente, habrá miles de personas que pierdan la vida, pero además de pensar en ellos, también hay que reflexionar respecto del futuro de quienes no sucumban ante el virus. ¿De qué sirve sobrevivir a la pandemia, a un costo elevadísimo en materia de empleos, educación y oportunidades? 

El camino es largo. Seguramente esta generación tendrá que reacomodarse, incorporando nuevos protocolos para sobrellevar la cotidianidad, pero lo cierto es que la gente no puede permanecer encerrada indefinidamente y eso lo tienen que comprender desde el gobierno, hasta los más acérrimos opositores que sueñan con que Colombia quede invadida por la miseria para construir sobre ella la plataforma electoral de 2022.

@IrreverentesCol

Publicado: mayo 20 de 2020