En el argot de la política colombiana, llámase “lagarto” a aquel personaje que a punta de codazos y adulaciones busca abrirse un espacio en la función pública. Los lagartos son expertos en exhibir exageradas sonrisas de oreja a oreja mientras expresan su admiración infinita e inmodificable hacia la persona que les puede hacer el favor o el nombramiento requerido. 

Hace pocos meses, cuando Iván Duque era candidato a la presidencia de la República, hizo una visita al municipio de La Calera, a las afueras de Bogotá. 

Uno de los más entusiastas participantes de ese acto fue el “analista” José Roberto Acosta Ramos quien además de recibir con los brazos abiertos al doctor Duque, se las ingenió para subir con él a la tarima desde la que pronunció un sentido discurso en el que no ahorró elogios ni lisonjas hacia el hoy presidente de la República. 

El acto, en el que participaron importantes dirigentes del Centro Democrático, como el canciller Carlos Holmes Trujillo y el prestigioso abogado experto en asuntos económicos, Camilo Rubiano, culminó con aplausos y vivas hacia el candidato uribista. 

José Roberto Acosta, fue en extremo generoso con Duque, pues su objetivo era claro: ser nombrado como ministro de Hacienda del nuevo gobierno. Grande debió haber sido su frustración cuando se enteró que el cargo que él buscaba desesperadamente estaba reservado para Alberto Carrasquilla. 

Dolido por no haber sido incluido en el gabinete, Acosta se ha valido de sus espacios en los medios de comunicación para fustigar a quien, en criterio suyo, le quitó el puesto: Alberto Carrasquilla. En una columna reciente para el diario El Espectador, aseveró temerariamente que “probado el sesgo de Carrasquilla hacia el lucro personal en detrimento de la estabilidad fiscal de los municipios, ¿cómo puede ser nuevamente ministro de Hacienda?”. 

Al “analista” se le olvidó aclararle a sus lectores que sus expresiones injuriosas contra Carrasquilla tienen un trasfondo de índole personal, habida cuenta que él aspiraba a ocupar el puesto de la persona a la que ataca severamente. 

Acosta es un sujeto complejo, con un pasado no muy claro y con algunas dudas sobre su paso por la bolsa de valores de Colombia. Vive en La Calera y se ha convertido en un feroz opositor de la alcaldesa de ese municipio, Ana Lucía Escobar. Fue uno de los líderes de la fallida revocatoria contra la mandataria local que se llevó a cabo hace unas semanas y que se hundió por la mínima participación ciudadana en aquel certamen. 

Lo interesante es que Acosta promovió dicha revocatoria a manera de retaliación contra la valiente alcaldesa Escobar quien no ha temido en denunciarlo por cometer el delito de “volteo” de tierras, práctica muy común en el departamento de Cundinamarca y que consiste en convertir predios rurales en zonas urbanas para efectos de poder desarrollar proyectos de vivienda en dichos terrenos. 

Llama la atención que la fiscalía no haya atendido la denuncia hecha por la alcaldesa Ana Lucía Escobar contra José Roberto Acosta. 

Otro de los objetivos de Acosta ha sido, precisamente, el Fiscal General de la Nación. En sus columnas lo ha calificado con términos muy fuertes: “Martínez [en referencia al fiscal] miente al afirmar que los ejecutivos de Odebrecht, Ferracutti; Marangoni y Sendai tienen cargos, pues aunque les expidió una orden de captura, dicha orden salió después de que se habían volado a Brasil… Muy mal que un Fiscal General mienta en público, y mucho más grave en un momento en el cual la batalla contra la corrupción es la principal lucha la nación (sic)”. 

Habla de la lucha contra la corrupción un personaje que cuando estalló el escándalo de Hyundai que involucraba al hoy prófugo Carlos Mattos, fue supremamente duro con él en sus análisis y conceptos, pero de la noche a la mañana suspendió sus críticas hacia ese empresario. ¿El motivo? Su cercanía con el detenido Alex Vernot, estratega principal de Mattos y, en criterio de la justicia, uno de los cerebros de la trama de corrupción que pocos días tendrá un nuevo capítulo cuando Interpol libre una circular roja en contra del fugitivo que se esconde en Madrid. 

Desde el instante en que Vernot fue capturado por orden de un juez y remitido a la cárcel por considerar que ese individuo es un peligro para la sociedad, José Roberto Acosta arreció sus ataques contra el fiscal general. 

Otrora lisonjeaba y le lagarteaba a Iván Duque para que lo nombrara Ministro. Después, promovió la revocatoria de la funcionaria que lo denunció por “volteo” de tierras. Luego, dejó de cuestionar al criminal Carlos Mattos por cuenta de su alineamiento -¿gratuito?- con Alex Vernot, al extremo inaudito de convertirse en uno de los principales botafuegos contra el Fiscal General que lidera la investigación que hoy tiene a su amigo durmiendo en una celda en la cárcel La Picota, al sur de Bogotá. 

@IrreverentesCol

Publicado: octubre 1 de 2018