El comportamiento alevoso y desafiante del exterrorista de la banda criminal M-19, Gustavo Petro es francamente inaceptable. A través de un fallo de tutela, un juez le ordenó rectificar sus aseveraciones calumniosas e injuriosas contra el presidente Uribe, a quien acusó –sin fundamento ninguno- de haber cometido delitos de lesa humanidad.

En palabras de Petro, el doctor Uribe “debió haber estado preso hace tiempos (sic) por delitos de lesa humanidad… hoy por las circunstancias que están siendo juzgado (sic), que ya tiene que ver con un tema de manipulación de testigos en un proceso, también debería estas preso. Uribe debería ir a la JEP”.

Las afirmaciones del exterrorista Petro fueron tuteladas por el abogado del expresidente, Abelardo De La Espriella. El proceso llegó al juzgado tercero penal de Bogotá, despacho que ordenó que en el término de 48 horas, Petro se retractara de sus aseveraciones calumniosas, habida cuenta de que no tiene pruebas que indiquen que Uribe haya cometido delito alguno.

Petro, ese mismo que se ha valido de la figura de la tutela para pasarse por la faja decisiones disciplinarias que le han sido adversas, esta vez, literalmente, se burló frente a la cara del juez que le ordenó rectificar sus aseveraciones en contra del expresidente Uribe.

En vez de cumplir con lo ordenado por la justicia, Petro aprovechó el episodio para protagonizar un deleznable espectáculo mediático en el que además de pisotear la decisión del juez, siguió insultando al expresidente Uribe, pruebas que seguramente serán utilizadas para demostrar que hubo un nauseabundo desacato a la orden judicial.

Colombia tiene que entender que Gustavo Petro es un sujeto peligroso en todo el sentido de la palabra. Sus antecedentes en el M-19 y su comportamiento luego de la desmovilización de esa estructura criminal confirman que él es una persona cuyo talante riñe con los valores elementales de la vida en democracia.

Esta no es la primera ni será la última vez que Petro se plante en actitud vil respecto de una decisión que le es contraria. Cuando era alcalde de Bogotá, literalmente paralizó a la ciudad cuando la Procuraduría con toda la razón, lo destituyó e inhabilitó del cargo. Millones de colombianos horrorizados vieron el espectáculo de un Petro llenando la Plaza de Bolívar y pronunciando discursos que incitaban al odio.

Si Petro tiene pruebas que confirmen que el presidente Uribe cometió delitos de lesa humanidad, tiene que mostrarlas en el término de la distancia. Su argumentación en el sentido de que como Uribe autorizó la creación de unas cuantas cooperativas Convivir  en el departamento de Antioquia, es responsable del “auge” del paramilitarismo en su región, es francamente inaceptable, panfletaria y mentirosa.

Los paramilitares –y Petro debe saberlo- se fortalecieron gracias al apoyo decidido del narcotráfico, ese mismo que en su momento llenó de dinero y de armas al M-19, pues para nadie es un secreto el maridaje que existía entre Pablo Escobar y aquella banda terrorista.

Este episodio aún no termina. Habrá que ver cómo recibe el juez tercero penal de Bogotá la burla de Petro y qué decisión tomará respecto de la misma.

@IrreverentesCol

Publicado: septiembre 24 de 2018