El pasado 27 de enero se conmemoró en el mundo el Día Internacional de Conmemoración del Holocausto Judío. La fecha rememora el 27 de enero de 1945, cuando las tropas Soviéticas liberaron a 7.600 personas en el campo de concentración de Auschwitz en Polonia, donde fueron sometidos a los peores horrores y a la peor degradación de la condición humana, torturados y asesinados no menos de 1.1 millones de personas. Solo a partir de ese día se dice que el mundo conoció el horror del holocausto.

Paradójicamente, a la entrada de campo había un letrero, un macabro eufemismo que escondía las atrocidades allí cometidas: “Arbeit Macht Frei” algo así como “El trabajo os hará libres”. Adicional a esto, para el asesinato premeditado de los no menos de 11 millones de personas entre judíos, polacos, húngaros, etc., los nazis utilizaron otro eufemismo: “La solución final”.

Pues bien, la barbarie de las Farc en Colombia no ha sido ajena a esos eufemismos, aunque esconda tras de sí, desplazamiento, secuestros, tortura, desaparición forzada, violencia sexual, homicidios selectivos y homicidios múltiples. Son hechos atroces y horrorosos que están en la memoria de las víctimas y de sus familias, pero que algunos se empeñan en desdibujar como simples “daños colaterales” o en el mejor de los casos, “crímenes políticos”.

Entre las peores atrocidades a que pueda ser sometida una persona son el secuestro y el reclutamiento forzado, crímenes que atentan contra la dignidad, la moral y la salud mental de cualquier persona. Sin embargo, y según la propia Jurisdicción Especial para la Paz (JEP), se les debe llamar ‘retenciones ilegales’; vaya absurdo y casi que macabro eufemismo.

Ahora resulta que las víctimas de la barbarie Farc, -que no han sido reparadas- tienen que ver como el país está obligado casi que a reverenciar a criminales de lesa humanidad a los que no podemos ofender, so pena de parecer, usemos otro eufemismo, “insensibles” ante estos despiadados cabecillas de una organización criminal que no tuvo compasión ni siquiera con un niño que murió de cáncer suplicándoles le dejaran ver a su padre secuestrado, y así mil y una atrocidades.

Esta semana la JEP, la misma de los eufemismos, la misma que más que un tribunal de justicia, parece un equipo de defensa de los bandidos, dio a conocer en lo que parece, su único y más importante logro,  la imputación a 8 miembros del secretariado de las Farc, a saber; Rodrigo Londoño Echeverry, Pablo Catatumbo Torres Victoria, Pastor Lisandro Alape Lascarro, Milton de Jesús Toncel Redondo, Julián Gallo Cubillos, Jaime Alberto Parra Díaz, Rodrigo Granda y Juan Hermilo Cabrera, este último fallecido recientemente. Son solo 8 de los tantos cabecillas acusados de secuestro, violación, tortura y homicidio.

Lo indignante, es ver como en el escrito de acusación, los magistrados hacen todo el esfuerzo posible en resaltar el delito del secuestro como una simple “toma de rehenes”, desdibujando con esto la magnitud de un hecho, reitero, atroz e inhumano como el secuestro.
Claro, no se aclara de cuáles serán las penas, y eso, en el hipotético caso que los guerrilleros sean hallados culpables, y acepten su participación en los más de 1000 casos que hasta el momento se juzgan, aunque todos sabemos que esas cifras podrían ser infinitamente más altas.

En palabras del propio magistrado Eduardo Cifuentes, se reconoce públicamente que no habrá para los bandidos ninguna pena que signifique barrotes; será el Tribunal de Paz el que decida, tal vez por sugerencia de los mismos criminales, en qué vereda podrán dedicarse tal vez a sembrar tomates, o barrer parques. Esto, como ‘penas ejemplares’,  pese a las prácticas inhumanas y horrorosas a que eran sometidos los secuestrados de las Farc; atados con cadenas, y en condiciones infrahumanas, soportando el frío de las noches, y el calor y la humedad de la selva.

Es más, el país entero ha podido apreciar cientos de videos grabados en campos de concentración en las selvas colombianas, y que nada tenían que envidiarles a los campos nazis, videos en los que se aprecia a los captores con saña, y casi que con orgullo, golpeando con patadas y hasta culatazos a los soldados y policías que ya estaban sometidos dentro de una alambrada. Ni qué decir de los comerciantes, empresarios, políticos, etc. Muchos de ellos en celdas subterráneas, nadando en sus propios excrementos. “Toma de rehenes”, que llaman hoy.

Concluyo que entonces habrá que llamar a la barbarie “formas de lucha”, a las violaciones “educación sexual”, al reclutamiento de niños “Bienestar social infantil” y al aborto inducido tras una violación, “prácticas de medicina rural”.

Mientras tanto, miles de mujeres que fueron víctimas de los peores vejámenes de estos bárbaros,  como las de la Corporación Rosa Blanca, seguirán tirándole piedras a la luna, porque en eso han quedado sus denuncias, así como las denuncias de los miles de huérfanos, las viudas, las incontables mujeres campesinas despojadas, desplazadas y hoy revictimizadas por cuenta de una justicia absurda, que lo único que no ha pedido es que las víctimas se arrodillen y le pidan perdón a sus victimarios, terroristas que terminaron impunes, premiados y casi que venerados por una caterva de sinvergüenzas que, a punta de leguleyadas y eufemismos infames, convirtieron la barbarie en el más heroico y rentable “acto de humanidad”.

Para no olvidar: Solo tres meses después de la liberación de Auschwitz, y cuando se tuvo pleno conocimiento de la magnitud del horror, iniciaron los famosos juicios de Núremberg, y en menos de un año, los criminales nazis fueron juzgados, obligados a devolver sus enormes fortunas, y algunos de ellos ejecutados. En Colombia por el contrario, amén a nuestro realismo mágico, la JEP, tribunal cuyo funcionamiento nos cuesta miles de millones de pesos al año, tardó 3 largos años, y solo para llegar esta semana a emitir un “escrito de acusación” contra estos criminales, y estoy segura que, a diferencia de los que pasó en Núremberg, aquí no va pasar nada. El eufemismo dirá al final que la barbarie Farc se basó en “Daños colaterales”. ¡Cuánta infamia!

@JenniferAriasF

Publicado: febrero 4 de 2021