La izquierda se frota las manos. Si pudieran hacerle un monumento a la pandemia, ya estarían manos a la obra. Los efectos devastadores del COVID-19 se están convirtiendo en plataforma para el discurso demagógico de sus cabecillas, empezando por Gustavo Petro quien desde La Habana no ha desaprovechado ninguna oportunidad para atizar la hoguera e incentivar el odio entre los colombianos.

Petro le apuesta a la letalidad del COVID-19. A los muertos que arroje la enfermedad -que lo tienen sin cuidado-, sumará las consecuencias económicas y sociales de la pandemia. Proyecta construir su candidatura presidencial con mensajes demagogos, hablándole a la clase media empobrecida como resultado de la contracción económica y el acelerado crecimiento del desempleo.

Y, por supuesto, no deja pasar la ocasión para estimular el odio entre “ricos” y “pobres”. En un trino publicado en su cuenta de Twitter, planteó la situación desde una perspectiva absolutamente irresponsable y, por supuesto, alejada de la realidad. Petro miente sin hacer mayores esfuerzos. Le brota, de manera natural.

Escribió: “El virus llegó en avión a Bogotá, a sus barrios ricos, y por transmilenio (sic) se repartió a toda la ciudad”.

Lo que faltaba: que lo que él llama “los ricos” ahora sean los responsables de la enfermedad. ¿A qué le apunta el exterrorista Petro? La respuesta salta a la vista de todos: estimular el odio contra “los ricos”, como un todo. Abusar de la situación, para que los “pobres” que han perdido su trabajo o su medio de subsistencia, se carguen de odio contra los “responsables” de su tragedia. 

Los prosélitos de Petro se han empleado a fondo en la degradación del debate, llevándolo a un inaudito nivel de agresividad verbal. Petro, por supuesto, justifica a su gente, diciendo que “la corrección en las palabras, ha escondido en nuestro país, la complicidad por décadas y siglos con los genocidios y con el salvajismo violento y físico contra los pueblos”. 

El estímulo de la violencia verbal abre un boquete peligrosísimo. Ya se ven en las redes sociales a petristas consumados, poseídos por la rabia, escupiendo insultos a diestra y siniestra, con el aplauso de los lugartenientes más peligrosos de la Colombia Humana, como el cuestionado Gustavo Bolívar. 

Esa es la política del odio, del rencor, del desquite. Algo parecido se vivía en Colombia a mediados del siglo pasado, cuando los seguidores de Gaitán, antes del 9 de abril, amedrentaban a las gentes de bien con la revancha una vez “el doctor Gaitán llegue al poder”.

El dirigente socialista no llegó a la presidencia, pero las implicaciones del Bogotazo fueron funestas, por cuenta de la violencia desatada por sus seguidores. 

El liderazgo de Petro es asqueroso. Su propósito es intolerable. En momentos de crisis el país espera de sus lideres políticos sensatez y no violencia; reflexión y no irracionalidad; grandeza y no vulgaridad. Colombia está en mora de pasarle la cuenta de cobro política a Petro y sus esbirros. 

@IrreverentesCol

Publicado: mayo 19 de 2020