Un grupo marginal de liberales armaron berrinche y anunciaron su renuncia al partido rojo. El acto de rebeldía estuvo motivado por el hecho de que el expresidente Gaviria no haya ordenado que su colectividad se declarara en oposición al gobierno del presidente Iván Duque.

Los dimitentes, entre los que se encuentran destacados personajes del narcogobierno de Ernesto Samper, como Juan Fernando Cristo, Cecilia López y el exdirector del DAS, Ramiro el sabueso Bejarano, han doblado la apuesta al invitar a otros liberales a abandonar su colectividad.

El sectarismo ha sido una de las constantes en el comportamiento de los liberales. Aquello no es nuevo. En octubre de 1949, Carlos Lleras quien ocupaba una curul en el senado, llegó al extremo de invitar a sus copartidarios a romper cualquier tipo de relación personal con los militantes del partido conservador: “mientras no se nos ofrezca una República distinta, garantías que pongan fin a este oprobio, las relaciones entre liberales y conservadores, rotas ya en el orden público, deben estarlo igualmente en el orden privado”.

El liberalismo es el responsable de buena parte de la tragedia nacional. Fue ese partido el que negoció y selló un pacto criminal con el narcotráfico a comienzos de los años 90 del siglo pasado. Así, buena parte de la bancada liberal en el Congreso de la República terminó recibiendo generosa financiación del denominado cartel de Cali, hecho que se replicó agrandado exponencialmente respecto de la campaña presidencial de Ernesto Samper Pizano.

Aquel pacto significó la degradación definitiva de nuestra democracia y abrió la puerta para el fortalecimiento de las estructuras delincuenciales que tienen en jaque a nuestra sociedad.

Hace mucho tiempo el partido liberal está mandado a recoger. Sus dirigentes, se convirtieron en tramitadores de favores políticos y en articuladores del más vulgar de los clientelismos. Sin propuestas programáticas, ni cohesión ideológica el partido de la bandera roja perdió toda su naturaleza.

Así que la ridícula renuncia de los sujetos que se han mostrado en rebeldía frente al expresidente César Gaviria, no dice absolutamente nada. Gaviria quedó convertido en un politiquero de menor cuantía, buscando espacios para su hijo Simón y para ello se ha aferrado al timón del liberalismo que parece un barco a punto de terminar de hundirse.

Hoy, lo que corresponde es el fortalecimiento de las colectividades verdaderamente comprometidas con el rescate de nuestra democracia, partidos que estén sintonizados con las necesidades de la sociedad y que mantengan el dialogo ciudadano como una premisa irreductible, tal y como sucede, por ejemplo, con el Centro Democrático.

Estructuras monolíticas, oxidadas y totalmente descontextualizadas no solo no le ayudan a la democracia, sino que la perjudican. Si los liberales hubieran recibido mermelada del gobierno Duque, la pataleta de los dimitentes del partido no se hubiera visto. Si Gaviria sigue ahí, es por la esperanza de conseguirle algo a su vástago, un jovencito sin entidad propia que ha podido ocupar algunos cargos en virtud de su apellido y no de su talento.

@IrreverentesCol

Publicado: septiembre 20 de 2018