Así como Ilona llegó con la lluvia, con la llegada de Juan Manuel Santos llega la lluvia de la coca a Colombia, y llueve cocaína a cantaros, y tanta, que no solo alcanza para llenar los pozos del consumo internacional sino también el nacional.

Como en “Ilona llega con la lluvia”, con Santos llega la prostitución del Estado. No solo nuestra juventud se envenena con esta copiosa lluvia de cocaína a unas ratas preocupantes y casi incontrolables, sino que la estabilidad del Estado se ve en ascuas, produciendo enorme desobediencia civil y desestabilizando las instituciones.

Santos como Maqroll el Gaviero son hombres sin patria, les importa un bledo todo, en Maqroll su patria es un burdel, en Santos la patria es su ego y su vestido de paño inglés.

Santos, donde este, debe estar riéndose a carcajadas, por lo que logro hacerle a las instituciones colombianas (es típico de gobernantes bogotanos creer que están cambiando el mundo, impactando inolvidablemente la historia de los pueblos y sus  instituciones, ya López Michelsen lo había hecho antes al patrocinar a Tirofijo).

Santos, donde este, debe estar hincho de la risa porque lograr crear el caos y la anarquía en las instituciones colombianas, tan necesarias para el cambio del modelo económico que profesa el Foro de Sao Pablo. Al fin y al cabo esa es una de las tantas  estrategias de ese peligroso foro. Caos y anarquía porque el poder inconmensurable del narcotráfico puede atentar contra la estabilidad del Estado.

Dejar crecer el narcotráfico es como poner un plasta de mierda en la sala de la casa. Todo hiede y su hedor nauseabundo llega a todos los rincones de la casa y contamina el ambiente.

Solo a un desquiciado o un enfermo se le ocurre dejar crecer los cultivos de una planta cuyo procesamiento ilegal produce billones y billones de dólares. Pero lo peligroso no es solo que lo produzca, sino que quede en manos de delincuentes, cuya única formación ética es el delito. Existe la ética del delito, somos perfectos para ser delincuentes. Ninguna sociedad es tan propensa al delito como la colombiana. De hecho la instauración del narcotráfico en suelo colombiano (aquí no había sembrados extensos de coca, como si los había en el Valle de Huallaga en Perú o en Bolivia) se da en Colombia y no en otro país porque el colombiano le gusta lo ilegal, es propenso a lo torcido, al camino fácil, porque delinquir no necesita preparación ni academia, solo el entrenamiento en el mal. Y Colombia ya existía desde tiempos A, una vieja cultura de la ilegalidad, con el contrabando de todo tipo de producto entre ellas las esmeraldas.

Colombia siempre fue un país de instituciones débiles a diferencia, a pesar de ser también hispánicas, de otros países latinoamericanos. Para la muestra el caso Odebrecht, caen los políticos bandidos en Perú pero en Colombia no pasa nada.

@rodrigueztorice

Publicado: mayo 16 de 2019