Ha muerto un humanista y un dirigente político de grandes quilates. La vida de Jaime Jaramillo Panesso se movió entre la academia, la arena de la acción política y una obsesión por la búsqueda de la paz en Colombia. 

Durante el gobierno del presidente Uribe, el doctor Jaramillo Panesso fue designado como miembro de la Comisión de Reparación y Reconciliación, grupo creado en el marco de la ley de justicia y paz con el propósito de garantizar el cumplimiento pleno de los compromisos de los exparamilitares frente a las víctimas respecto de la verdad, la justicia y la reparación.

Su compromiso con la educación fue irrenunciable. Participó, a mediados de los años 60 del siglo pasado, en la fundación de la Universidad Autónoma Latinoamericana, un centro académico que ha formado a miles de jóvenes de clase media. 

Estuvo en el Congreso de la República, en el concejo de Medellín y ocupó diferentes distinciones en su departamento.

Era un hombre cultísimo, conocedor de la historia nacional y un jurista excelso. Las conversaciones con él podían ser interminables, pues era un maravilloso contertulio que lograba mantener la atención de sus interlocutores por horas enteras. Sin dificultad podía hablar de tango o de la biografía de Bolívar. 

Leal y buen amigo. Así era Jaime Jaramillo Panesso. Un hombre enamorado de su familia que estuvo, hasta el último momento de su vida, pendiente del futuro de sus hijos. 

A comienzos de 2002, su hijo Fidel -de 41 años- fue asesinado por el frente 47 de la banda terrorista de las Farc, cuadrilla criminal que era comandada por la sanguinaria Elda Neyis Mosquera alias ‘Karina’.

Aquel fue uno de los momentos más dolorosos de la vida de Jaime. Un hombre que trabajó a brazo partido por la paz en Antioquia, tuvo que padecer en carne propia los estragos de la violencia por cuenta de la demencial acción de las Farc contra su hijo, un ingeniero agrónomo al que la guerrillera ordenó fusilar.

En su momento, Jaramillo Panesso tuvo oportunidad de confrontar a la asesina de su hijo. Con la serenidad que caracteriza a los hombres de honor, le planteó a la terrorista que “yo ya he pagado mi cuota de dolor” y a renglón seguido le preguntó que cuándo ella iba a pagar su “cuota de paz”.

Fue un hombre ajeno a los rencores. Firme en sus convicciones, jamás ejerció la política con rabia. Siempre atildado, sereno y ponderado; marcó distancia de las intrigas y prefirió mantenerse cerca a los argumentos. Jaime Jaramillo Panesso podrá comparecer ante el Creador con la satisfacción de haber cumplido a cabalidad su misión en la Tierra. 

Su muerte, consecuencia de una larga y penosa enfermedad que él supo llevar con tremenda dignidad, es una pérdida para el uribismo -Jaime era presidente honorario del Centro Democrático-, pero sobre todo para quienes tuvieron el honor, el privilegio de gozar de su amistad. 

Sus columnas de opinión fueron disciplinadamente enviadas todas las semanas. Para el recuerdo, quedarán en el archivo digital de LOS IRREVERENTES.

Resquiescat In Pace, Jaime Jaramillo Panesso. 

@IrreverentesCol

Publicado: noviembre 22 de 2020