En las escalinatas del capitolio romano se podían organizar conspiraciones, traiciones y hasta suicidios por el honor personal, por el honor senatorial. Descubierta luego la democracia, aplicada en los estados más avanzados, estas clasificaciones desaparecieron y de la evolución del derecho penal y constitucional surgen unas figuras nuevas como lo son las mayorías y las minorías, donde no cabe el delito de la conspiración ni se aceptan a los traidores, sino que surgen nuevas reglas como el respeto a los principios de esa fuerza operativa de la democracia.

La democracia no es un sistema en realidad, sino una metodología para la convivencia que funciona como un mandato moral y social tales como el respeto por el otro, los derechos humanos, la concurrencia de las minorías étnicas y sexuales y ante todo las libertades que nos distinguen del rugido cavernario que proviene de los falsos profetas o de los nuevos misioneros de la revolución. 

La tolerancia es parte de la tipología de las virtudes democráticas y republicanas, es el resultado de la no aprobación de crear víctimas y del intento de convertir algunas creencias normales en la sociedad en delitos e infracciones

La tolerancia no es señores periodistas y pensadores de la izquierda aceptar al delincuente o por ejemplo los machos Alfa que castigan violentamente a sus esposas y a sus hijos y son tolerados como victimarios. Un sujeto no está cobijado por el concepto humanista de la tolerancia, tolerar al delincuente dentro de esta concepción solo conlleva a que la sociedad le de licencia criminal para volver a cometer su acto atrabiliario.

La tolerancia es una virtud donde se cultiva el respeto y la exaltación de la persona, lo humano que maneja la varilla de la tolerancia es la semilla de la aplicación de la ley en defensa de las comunidades y no puede ser un reductor moral que conduzca al perdón de la falta por la flojera de carácter de la personalidad, que destruye las órdenes de la tolerancia. Por eso la tolerancia no es igual al perdón sino una categoría para la sobrevivencia del género humano y los estatutos democráticos. Sembrar la idea de que por la tolerancia no se castiga al violento, al narco guerrillero o al malevo de los barrios urbanos o al macho que golpea a su familia es una equivocación con consecuencias negativas, aunque de la apariencia de la bondad.

Estamos en una etapa compulsiva y revulsiva donde los maleficios para la república y las instituciones tienen un cercano comienzo en el tiempo, pero la neblina de las ideologías y la crisis de la ética por ejemplo, impiden aplicar la responsabilidad ciudadana como un deber ser. ¿qué pasó con el proceso político financiero que se instauró acerca de la forma como llegó a la presidencia de Juan Manuel Santos? ¿qué pasó con la fuga de Aida Merlano y la escandalosa maniobra de Santrich, hechos que mancillan a las corrientes ciudadanas que caminan al buen vivir, pero que convierten en piedras la relación del ciudadano con el estado y sus administradores, que tocan el nervio de las fuerzas militares y del ejecutivo elegido?

¿Qué le ocurre a los jueces y los magistrados que no les importa el honor de defender el estado de derecho y por el contrario se pasan al campo del enemigo de la honestidad?

Mal comienzo tuvo el nuevo gobernante que está perdido entre la gelatina que convierte a la ética y la democracia en asunto de números y además se acompaña de las fantasías tecnológicas, por ejemplo, es una ilusión de la economía naranja creer que la economía moderna y el desarrollo de la nación se conseguirá con las artesanías o con los talleres de los bailes folclóricos, rescatados para la gloria nacional de las regiones y de la cultura pueblerina. ¿Por qué no tienen consecuencias las confesiones del renunciado ministro Botero, quien hace dos meses había afirmado que todo estaba listo para la aplicación del glifosato y que textualmente afirmó que ya tenía los aviones, los pilotos y el químico y solo hacía falta la orden de la aplicación? El ejecutivo y las fuerzas militares callaron con el ojo abierto y el silencio piscícola del bocachico.

Esas actitudes gubernamentales que se repiten en toda la escalera de la administración pública tuvieron efectos negativos en las elecciones del 27 de octubre. Aquí sí ha pasado, algo la autocrítica debe ser pública y colectiva para que el pueblo tenga confianza en el futuro. Ese es un resultado que da como factor genético político de la confusión, el gran despelote nacional, también le concede a los capituladores como partido que no da ningún voto significativo en esas elecciones, las Farc, pero que impregna la atmósfera política, funcionando todavía en el escenario de un acuerdo de paz trágico y sin el apoyo popular mayoritario. Volvamos por la senda de construir la patria y un estado eficiente con gobernantes lúcidos y con militares que manejen la inteligencia de manera inteligente.

Jaime Jaramillo Panesso

Publicado: noviembre 12 de 2019