Una de las peores equivocaciones del presidente Iván Duque, fue la de entregarle el mando de la Policía a un oficial que hace parte de la nefasta cuerda que lidera el exvicepresidente y exdirector de esa institución, general Óscar Naranjo.

En efecto, al designación de Óscar Atehortúa fue desconcertante pues, además de su sospechosa vinculación con Naranjo, su hoja de vida y trayectoria profesional estan colmadas de zonas grises. 

Horas antes de su nombramiento, un general retirado de la Policía le aseguró a LOS IRREVERENTES que “Atehortúa es un oficial sin criterio propio y sin el talante que se requiere para dirigir a la institución. En pleno auge de las Bacrim, fenómeno que azotó a Córdoba con posterioridad a la desmovilización de las AUC, él fue nombrado como comandante de la policía en ese departamento. Su desempeño fue tan pobre, que a las pocas semanas fue removido de ese puesto”. 

Para desgracia de nuestro país, la Policía está convertida en un antro de corrupción. Y de ello, dan cuenta las investigaciones que se adelantan con el propósito de develar el preocupante nivel de podredumbre que se registra en esa institución. 

La Procuraduría General de la Nación abrió investigación en contra de Atehortúa, oficial señalado de encubrir una delicada investigación sobre un multimillonario caso de corrupción. Se trata de la construcción, a manos del fondo rotatorio de la Policía Nacional, de 111 casas fiscales que servirían como vivienda para miembros de la policía; fueron levantadas en el municipio de San Luis, Tolima, con materiales obsoletos y de pésima calidad. 

Aquello, desembocó en un multimillonarios detrimento presupuestal. No obstante, siendo director del Fondo Rotatorio, el general Atehortúa recibió a conformidad las casas y, años después, cuando había comenzado la investigación, se encargó de engavetar el expediente. 

Ahora, como director de la Policía, el general habría abusado de su poder para conseguir información privilegiada de la investigación con el propósito de desviar la atención y salvar su incontestable responsabilidad en aquel desfalco.

Cuando el escándalo empezó a subir de nivel, Atehortúa, de manera insólita, decretó que el inspector de la policía, el general Salamanca, se fuera por más de un año a disfrutar de sus vacaciones acumuladas. Su intención, era evidente: separar del cargo a la persona que tiene en su poder el expediente que los puede enredar, hasta el punto de que no se descarta que el actual Director General de la Policía Nacional, termine en prisión. 

El presidente Duque es un hombre comprometido en la lucha contra la corrupción. Los indicios contra el general Atehortúa son sumamente graves, razón por la que para evitar un nuevo escándalo en su gobierno, debe madrugarle al asunto, enviando al retiro al Director de la Policía y nombrando en su reemplazo a un oficial sin máculas en su hoja de vida. 

@IrreverentesCol

Publicado: marzo 17 de 2020