Los últimos años han sido, sin lugar a dudas, bastante difíciles para le economía nacional. Reformas tributarias, la eliminación de los contratos de estabilidad jurídica, el desbordado gasto público, la híper-regulación y otros factores han hecho que hacer empresa en el País se convierta en una misión imposible.

El emprendimiento, por ejemplo, es una lejana ilusión que se vuelve efímera cuando el ciudadano, interesado en hacer Patria y crear empresa, se enfrenta a un sinfín de trámites administrativos y cargas impositivas asfixiantes que en la práctica hacen que la persona o desista de seguir adelante con su proyecto o sin siquiera haber iniciado ya tenga un endeudamiento incomprensible.

Para las grandes empresas la situación no es mejor. La tasa impositiva total del 69% que existe en nuestro País no solamente aleja la inversión tanto nacional como extranjera, sino que evidencia que el sistema tributario busca criminalizar la riqueza legítimamente obtenida, en vez de propender por la generación de empleo de calidad y sanas utilidades que fortalezcan el PIB.

De igual manera, esta realidad dificulta notablemente la competitividad del sector privado nacional frente a otros países. Estados Unidos, por ejemplo, tiene una tasa tributaria del 21%, casi 50 puntos menos que la imposición en Colombia, lo que hace que competir contra empresas de esa Nación sea extremadamente complicado.

Esta situación, por si fuera poco, genera una consecuencia directa: el contrabando. ¿Cómo pretende el Gobierno luchar contra este fenómeno cuando el sistema tributario hace todo lo humanamente posible para ponerle obstáculos a la formalización del comercio?

Por otro lado, para el consumidor la dificultad no ha sido ajena. Hace un par de años tuvo que sufrir el aumento del iva del 16% al 19%, recursos que han encarecido notablemente el devenir diario de la ciudadanía y que, siendo sinceros, su inversión no se ha notado en lo absoluto. De hecho, pareciera que el recaudo de esos tres puntos adicionales solo se ha destinado a financiarle las nuevas curules de las Farc y el salario a los magistrados y funcionarios de la JEP que ya devengan cuando ni siquiera se encuentra funcionando ese tribunal. ¡Qué despropósito!

Esta desafortunada realidad hace que el País exija a gritos un verdadero cambio, una transformación que reduzca los impuestos, corte el desbordado gasto público, le brinde condiciones de seguridad jurídica a la inversión y establezca las condiciones para que la economía deje de tener un mediocre crecimiento anual del 2% o 3% y llegue al 6% o 7%.

La fórmula para lograr dicho fin, sin duda alguna, es Iván Duque y Martha Lucía Ramírez. El continuismo o la izquierda radical no solamente mantendrían las condiciones que hacen posible esta difícil situación, sino que podrían empeorarla notablemente.

El futuro es de TODOS y esto es algo que tiene bastante claro Duque. El crecimiento económico se debe lograr para beneficiar desde el emprendedor más pequeño hasta el empresario más grande, sin importar la región de donde provenga o si está o no de acuerdo con las políticas del Gobierno.

¡Duque Presidente!

@Tatacabello

Publicado: mayo 18 de 2018