El pasado domingo la voluntad del pueblo colombiano fue clara: Iván Duque debe ser el encargado de manejar las riendas del País. Su votación de siete millones y medio de personas para una primera vuelta fue, sencillamente, histórica.

Sin embargo, como es normal en nuestra política los detractores de la institucionalidad ya salieron con una nueva historia que, más que una denuncia, parece un cuento de hadas de esos que uno les cuenta a sus hijos antes de dormir.

Ahora, resulta que la amplia votación de Duque no fue resultado de su coherencia, capacidad argumentativa, de su buen plan de Gobierno ni de su indiscutible carisma, sino de un oscuro pacto con la Registraduría para alterar los formularios E-14.

¡Por favor! Qué cosa más ridícula. No solamente porque esa entidad ya dio las explicaciones correspondientes ni tampoco porque cada campaña tuvo un importante número de testigos electorales que verificaron el proceso, sino porque la algarabía que intentaron montar sencillamente muestra la desesperación de no poder superar a Duque en el terreno de las ideas.

Efectivamente, el fraude es otro: es el estar constantemente amenazando a la institucionalidad con que si no se obtienen los resultados que quieren es porque alguna mafia oscura pactó algo en su contra.

Para la primera vuelta, si no obtenían una buena votación era porque les quitaron los votos y amenazaban con acudir a la violencia en las calles. Después de la elección, resulta que existió un fraude con la Registraduría. Ahora, ¿qué payasada se van a inventar para la segunda vuelta? ¿Que gasparín alteró la transmisión de televisión o que los votantes fueron engañados por un embrujo del Mago Merlín?

Este tipo de teorías, coincidencialmente, son las mismas que utilizan los regímenes dictatoriales para postrarse en el Poder. Así como Maduro se la pasa sosteniendo que la miseria en que tiene sumergido al noble pueblo venezolano es consecuencia de un perverso plan norteamericano, ahora resulta que si en las elecciones gana Iván Duque es porque la mafiosa oligarquía colombiana se organizó en un plan malvado.

El País, sin lugar a dudas, no puede caer en la senda de ese peligroso populismo que crea teorías realmente absurdas cada vez que alguna de sus acciones les trae consecuencias negativas. Por el contrario, Colombia se merece un gobernante transparente, inteligente, firme y con un genuino amor por todos sus compatriotas.

¡Duque Presidente!

@Tatacabello

Publicado: junio 1 de 2018