Para Antonio Sánchez Charry, su amigo y secretario.

Conociéndolo me diría: “no escribas esto, deja que los hechos hablen solo”.

Los recuerdos que tengo de mi Abuelo Paterno hacen parte de esa biblioteca nostálgica que guardo en el corazón del hipocampo, este baúl del cerebro donde duermen las evocaciones y que en fechas como estas sonámbulas se levantan melancólicas. Su figura, el estilo de vida, el trato sencillo que tenía para sus amigos y la flexibilidad generosa con sus contradictores. Jamás una frase insultante o una referencia ácida.

Siendo estudiante de San Bartolomé contaba los días para las vacaciones. Llegar a Montería, el saludo rápido de unos días con mis padres e irme para la finca de los abuelos, “La Ermita”, a disfrutar con ellos las vacaciones. Hoy lo veo como el claustro  donde aprendí imborrables lecciones de vida.

Su vida metódica y disciplinada.  Levantarse temprano y caminar en el patio todos los días el kilómetro que le recomendó  Chato Valencia, su cardiólogo. El desayuno simple con los nutrientes que da la tierra. La lectura y su rutina de escribir. En la terraza, la mesita de madera donde solo cabía la vieja Olivetti  y  los dos cajones llenos de libros, citas, pensamientos ,recortes de periódicos que mi abuela todas las tardes ordenaba y que el revolvía al día siguiente en la mañana.

De las relaciones amorosas más tiernas que he conocido fueron la de mis abuelos. Mi abuela, de la aristocracia pobre de Cartagena, se vino para encerrarse en el seminario rural  de la Ermita y desde la finca construyeron nuestra familia. Le contagio a mi abuelo sus convicciones y le hizo devoto de la Virgen del Socorro. Todas las tardes íbamos a visitar su santuario y el rezo  vespertino del rosario era la antesala a la escucha del radio periódico “Pincelazos” que el escribía y enviaba a Manolo Suarez el legendario locutor de la Voz de Montería.

Su consejo matrimonial: “cuando María Stella (mi esposa) este disgustada échate a reír y cuando tú lo estés  dile que haga los mismo.” Las palabras calientes queman el corazón y destruyen la relación de pareja. Esta sentencia nos ha acompañado toda la vida.

Me ha cautivado su closet de madera rustica incrustado en la pared de su alcoba en la finca. Le podíamos hacer inventario en muy poco tiempo: cuatro pantalones de drill  y su respectivos acompañantes: cuatro guayaberas blancas y sus pañuelos. Las sandalias franciscanas de uso diario, las botas de montar a caballo y sus zapatos domingueros. Pontificaba con su pinta para  asistir a la misa del domingo en su adorada Berastegui; sé que al pasar frente al Ingenio viejo  escuchaba en su alma el son ido y  triste  del llamado “pitar altanero”  que años atrás levantaba a los trabajadores. (Canción-Poema: Ingenio Viejo. Pablo Flórez)

Así le recuerdo: su vestuario reflejaba  su personalidad y la sencillez fue  su distinción.

Sus libros conocidos guardan nuestra historia y retratan el Viejo Bolívar. Hay uno que en especial  llamo mi atención de niño: Cartagena y las Riberas del Sinú (Robert B. Cunninghame)  el cual tradujo a punta de diccionario y con  la ayuda de mis  Padres y  sus hijos (estábamos recién llegados de Chicago). Cuando me siento en ese sitio donde escribía mi abuelo, la tinta celestial me inspira.

Austeridad  y pobreza fueron su contraseña  de vida.

Pero hay otro hecho que permite ampliar el concepto de amistad y lealtad. Con autorización médica y conociendo los riesgos para su salud viajo a Bogotá encabezando los delegados conservadores a la convención de 1969 para elegir entre Evaristo Sourdis y Misael Pastrana. Mi abuelo, ospinista y hermano de  alma  del Expresidente era también  amigo muy  cercano de Evaristo. Fue la noche anterior a la  casa del Dr. Ospina Pérez y le pregunto por quién votaba en la convención. Este  lo dejo en libertad y les pidió que en la segunda vuelta votaran por el que ganara en la primera.

Así hicieron, votaron por Evaristo. Sourdis y el sindicato ganaron. La segunda  vuelta, fue oral. El expresidente Ospina voto por Pastrana, mi abuelo y sus amigos por Evaristo. Resultados: igual número de votos. Ambos nombres fueron enviados a la Convención Liberal y esta proclamó a Misael Pastrana.

No durmió la noche  de la proclamación liberal y consulto a mi abuela que hacer. Esta le respondió “rézale al la Virgen del Socorro para que te ilumine”. Llamó al expresidente Ospina y le ratificó el apoyo a su política. Mi abuelo y sus amigos de Córdoba votaron por Misael para las elecciones  y se sometieron  quizá a una de las campañas regionales más duras en su trajinar político. Ospina lo acompañó y visitaron juntos todos los municipios del Departamento; la vitalidad a este par de viejos conservadores la daba la fuerza de sus convicciones. Después de recorrer el Departamento con el expresidente, antes de embarcarse en el avión de regreso, cansado y enfermo, le dijo al oído despidiéndose del leal amigo: “Me siento cansado Remberto y este será nuestro último recorrido juntos”. Falleció unos años  más tarde. Evaristo nunca respondió la carta de mi abuelo.

Como político pudo estar todo el tiempo que quiso como Parlamentario. Su lema fu diferente y cumplió lo que nos enseñó: solo una vez en el cargo,” aprendan a pasar la página.”

Generoso en política; conoció bien que esta es la feria de las ingratitudes. Lo importante para el alma  es no acumular las  emociones dañinas que deja.

Su faceta de escritor, autodidacta, fue fabulosa. Columnista de la Republica y en su notas preocupados siempre por los temas regionales. La hierba del pará,” admirable”, que a Córdoba llevo su abuelo Manuel nutrieron su espíritu y sus raíces sociales que Francisco, su padre, no pudo sembrar lo motivaron. Soñador con las vías de comunicación de la integración, URRA   y la agroindustria .Vio el potencial y  contagió  de entusiasmo la comunidad organizado  la Junta Organizadora Pro-creación del Departamento de Córdoba. Le molestaba que le dijeran el “Padre del Departamento”, se sentía  más bien  el que unió el clamor y cosió con caña flecha el  tejido regional que hizo posible la realidad de una fantasía.

Hoy apoyado por Findeter y su presidente, Rodolfo Zea Navarro  -un cordobés limpio-  (sueño el día  en que pueda escribir solo cordobés) se lanza nuevamente  “El General Burgos” (Tercera Edición). Es nuestra memoria histórica; su  autor más que el Padre del Departamento de Córdoba fue el “Franciscano de la Política”. Su ejemplo de vida me ha servido, con orgullo, utilizarlo como etiqueta de elegancia moral de un hombre de bien. Austeridad y coherencia sus lujos. Amistad y generosidad: sus prendas. Córdoba: su tesoro.

@Rembertoburgose

Publicado: julio 6 de 2018