Quedan menos de 4 semanas para que se produzca la salida del gobierno más corrupto, tramposo e ilegítimo de la historia reciente de Colombia. Juan Manuel Santos pasará a la historia de nuestro país como aquel hombre que se hizo elegir engañando a millones de ciudadanos, para una vez entronizado en el poder, gobernar con las ideas de sus supuestos rivales.

El de él, es el caso de un estafador político que timó a todo un pueblo y que, cuando llegó la hora de su reelección, con dinero sucio de la corrupción y comprando a decenas de parlamentarios inescrupulosos, pudo volver a imponerse en las elecciones. 

Fue mucho el daño que Santos le hizo a nuestro país. Nada bueno dejan sus ocho años de gobierno. El territorio nacional, cubierto con plantas de coca, la corrupción en un nivel nunca antes visto, la economía al borde del colapso, las finanzas publicas perfectamente descuadernadas y miles de terroristas impunes.

El gobierno de Juan Manuel Santos no solo debe ser juzgado por el fallido proceso con la banda narcotraficante Farc. Aunque el acuerdo suscrito con Timochenko y demás facinerosos goza de ilegitimidad, son muchos más los motivos por los que Santos deberá ocupar un deshonroso lugar en la historia. 

Empezar por recordar que desde la Casa de Nariño, ese sujeto lideró una brutal e ilegal persecución en contra de la oposición uribista. Apoyado por la corrupta fiscal general de la época, encarceló a muchos altos funcionarios del presidente Uribe; a otros, los obligó a partir hacia el ignominioso exilio.

El maridaje de Santos con la justicia para perseguir a sus crítico, fue nauseabundo. Sus principales aliados en ese propósito fueron el corrupto Leonidas Bustos y los cuestionados Eduardo Montealegre y Jorge Fernando Perdomo. Todo aquel que se atreviera a alzar la voz en contra del régimen de Santos, indefectiblemente terminaba investigado por la corte suprema de Bustos o por la fiscalía de Montealegre.

En materia exterior, valga recordar que durante el gobierno de Santos y de la politiquera canciller Holguín Colombia perdió buena parte de su mar en el Caribe, frente a la satrapía nicaragüense. La defensa de los intereses nacionales ante la descabellada demanda presentada por los lugartenientes de Daniel Ortega ante el tribunal internacional de justicia de La Haya, fue francamente deplorable. Ni a Santos ni a su ministra de relaciones exteriores, el asunto les mereció interés alguno. 

En el ocaso de su mandato, afloran nuevas evidencias del descomunal nivel de corrupción al que estuvo sometido el país. Poco a poco aparecen nuevas evidencias del involucramiento del presidente Santos en la trama de Odebrecht, particularmente en lo que tiene relación con la financiación de sus campañas políticas. 

Son muchas las líneas que habrán de ser investigadas, una de ellas la denominada fundación Buen Gobierno, entidad dirigida por el cuestionado hijo del presidente, Martín Santos. ¿Por qué la familia presidencial no ha querido hacer pública la contabilidad de Buen Gobierno? ¿Por qué Martín Santos no le aclara al país cuánto dinero se movió a través de esa fundación para la reelección de su padre en 2014 y si esos dineros fueron reportados ante las autoridades electorales? 

El pueblo colombiano tuvo que aportara dos cuatrienios nefastos, de desgobierno y abandono, pero al decir popular, no hay mal que dure 100 años ni cuerpo que lo resista. Faltan menos de 30 días para que Santos y los suyos desocupen la casa presidencial y empiece una nueva era con Iván Duque al frente del gobierno de nuestra adolorida República. 

@IrreverentesCol

Publicado: julio 10 de 2018