Hace un par de semanas decidí hacer por mis redes una encuesta, en la que participaron más de 1.700 personas. Esta muestra tenía la particularidad de no habilitar las opciones para votar con clicks en la elección del ganador, sino de votar mencionando su cuenta de twitter o escribiendo el nombre. Como todos sabemos, la gran mayoría de encuestas con clicks son manipuladas por bots (programas informaticos que pueden simular comportamientos humanos en internet), asunto que le da a este tipo de ejercicios una ilegitimidad bastante amplia.

La pregunta en la encuesta era la siguiente: “Amigos del uribismo, ¿quién piensa usted que debería ser nuestro candidato presidencial en las próximas elecciones?”… Para sorpresa de todos, quien ganó el sondeo es un outsider de la política. Alguien que nunca ha manifestado, ni siquiera, la voluntad de querer ser presidente de este país. Ese alguien es Abelardo De La Espriella.

¿Cómo un outsider de la política, que nunca ha manifestado querer ser presidente, puede lograr tanto apoyo en las bases uribistas? El fenómeno de los outsiders ha permeado la política mundial. Un ejemplo de ello es el joven Presidente de El Salvador, Nayib Bukele, quien, con apenas 38 años, se convirtió en mandatario de ese país. Bukele llegó a gobernar sin el manto de los partidos tradicionales, apoyado en la expresión política de la ‘indignación’.

Hoy la sociedad en general, no solo en Colombia sino en el mundo, busca alternativas diferentes a los políticos. La corrupción y la hipocresía que caracterizan la órbita de la politiquería han provocado un malestar generalizado; hoy existe, más que nunca, un evidente descontento con la clase política.

Si a mí me preguntan qué pienso cuando mencionan el nombre de Abelardo De La Espriella, yo diría que es una voz. Una voz que, poco a poco, se ha caracterizado por representar a millones de colombianos, con su pensamiento, sus planteamientos y en sus formas. Una voz que sobresale en un país donde nos han acostumbrado a ser políticamente correctos, a no querer incomodar a nadie, a querer dar gusto a todos; lo que, en últimas, es la fórmula del fracaso.

Esa voz se ha enfrentado dentro de la legalidad, guste o no guste, a defender unas causas e ideales. Una voz que, por las vías del derecho y de la opinión, ha confrontado capítulos de difamación perpetrados por Noticias Uno y el incoherente  Gustavo Bolívar.

Ante una gran masa de colombianos, De La Espriella ha generado un fenómeno en la opinión por su coherencia y autenticidad. Basta con ver a este gallo fino en un debate: siempre va al punto y marca posiciones firmes; más allá de si a los demás les interesa o no lo que él está planteando, o si beneficia más a unos que a otros

La voz de De La Espriella ha confrontado en foros de opinión a analistas, políticos y juristas; con lo que ha demostrado ser un hombre irreverente, con chispa y con fondo. Este abogado debate con velocidad y agilidad mental, siempre representando una misma idea, sin cambiar la línea; lo que, al final de cuentas, es lo que el país necesita: coherencia.

De manera que, sin saber lo que pasará en el futuro electoral en Colombia, quienes defendemos la familia, las instituciones, el orden y las libertades, esperamos contar con una voz de estas características. Porque este sector al cual pertenecemos puede que no sea el más ruidoso, pero les aseguro que es mayoría en Colombia.

Algo muy importante quedará en la memoria para el pueblo uribista: tendremos que estar agradecidos con Abelardo De La Espriella. Bien sea como abogado, activista, opinador, candidato o presidente, él se la ha jugado como nadie, como un tigre, a la hora de defender el nombre y el legado de Álvaro Uribe Vélez.

@jarizabaletaf

Publicado: junio 7 de 2020