En el fantástico mundo de Santos hacen lo imposible por desconocer algo irrefutable: el triunfo del “NO” en el plebiscito.

Desde que se posesionó como presidente de la república Juan Manuel Santos, nos tele transportó a un universo paralelo donde todo es al revés.  Un mundo trágico y fantástico donde el blanco es negro y el negro es blanco, las verdades son mentiras y las mentiras son verdades, y los buenos son malos y los malos son santos.

En este mundo, el gobierno ocultó y se negó a presentar durante meses la reforma tributaria temiendo que le cobraran en las urnas del plebiscito la indignación que habría causado la creación de nuevos impuestos y el aumento de los ya existentes.

Lo que tenía planeado era presentarla cuando se ganara el plebiscito, es decir, cuando ya no necesitara nada del pueblo colombiano. Tremenda sorpresa se llevó cuando perdió, a pesar de haber rediseñado el plebiscito a su medida bajando el constitucional 50% del umbral al 13% (cifra que reflejaba mejor su nivel de popularidad), y además haber utilizado todos los medios disponibles y no disponibles para ganarlo.

Durante estos últimos seis años de gobierno Juan Manuel Santos se ha gastado a dos, tres y cuatro manos el dinero del erario. En el gobierno del “todo es histórico” el déficit fiscal llegó a la, esa sí histórica, cifra de 30.5 billones de pesos. Es evidente que la reforma tributaria es necesaria, pero jamás tendrá una buena aceptación entre la población colombiana mientras no vea señales de austeridad por parte del gobierno.

Al colombiano promedio no le gusta y le llama la atención que el gobierno se gaste en el cierre de una campaña casi 1.600 millones de pesos.  A nadie le puede caber en la cabeza que, a una semana de refrendar unos acuerdos cuya existencia misma dependían del resultado del plebiscito, el gobierno haya celebrado con tal fastuosidad una firma simbólica de los mismos.

Esos 1.600 millones de pesos en el mundo de Juan Manuel Santos son chichigua, un mero sobrante de la caja menor, porque antes de la firma se gastó miles de millones en publicidad para la paz.  Según un portal de noticias en internet, Santos se gastó 28.000 millones de pesos el primer semestre de este año en publicidad.

Esa plata de la publicidad no solo sirvió para venderle a los colombianos una idea de paz, sino para mantener engrasada la máquina de mermeladas y almendras de los medios de comunicación. Me explico, si yo tengo un periódico y el gobierno me da un contrato por 1.000 millones de pesos en publicidad sin lugar a dudas exaltaré todo lo bueno del gobierno, aminoraré lo malo y atacaré a la oposición.  Por eso es que cuando alguien decide cortar la cuerda de marioneta del gobierno, los resultados no se hacen esperar y llegan vía almendras como le sucedió a la periodista Vicky Dávila.

Otra máquina que tiene que mantenerse bien engrasada es la del congreso.  Si ustedes ven cómo está conformada la Unidad Nacional se darán cuenta que a sus miembros no los une una ideología política, como debería ser, sino un apetito insaciable por la mermelada.  En este caso la mermelada está representada en burocracia y obras.

En el fantástico mundo de Santos también hacen lo imposible por desconocer una verdad irrefutable, cual fue el triunfo del “NO” en el plebiscito.  Cuando a Santos le otorgaron el Nobel, algunas personas pensaron que ese reconocimiento lo iba a posicionar mejor para negociar (ahora sí) un buen acuerdo con las Farc y eventualmente con el Eln y, ¿por qué no?, también con cuanto narco terrorista que se le dé por querer hacer política.

Sin embargo, Santos ha utilizado este oxígeno que le enviaron desde Noruega para presionar a los que votamos por el “NO”.  Durante las dos últimas semanas algunos de sus seguidores han ensayado varios ardides, entre ellos el de considerar repetir el plebiscito en los lugares afectados por el huracán Matthew hasta que se dieron cuenta que los treinta y pico mil votos que sumaban esos puestos de votación no cambiarían el resultado final. También han intentado minar la credibilidad de la campaña del “NO” dando a entender que los que así votamos no leímos los acuerdos y haciendo creer que Juan Carlos Vélez tuvo la capacidad casi mágica de engañar a millones de colombianos incluyendo a juristas tan importantes como José Gregorio Hernández y Jaime Castro (ninguno de ellos Uribistas).

Por último, Santos, en su fantástico mundo, ha decidido darle un ultimátum a los del “NO” para presentar sus propuestas, todo esto mientras corren rumores de que a través de la Corte Constitucional van a tumbar el plebiscito y a revivir el fast track para así presentar los acuerdos tal cual están al congreso.

En el fantástico mundo al revés de Santos, el presidente de manera autoritaria hace lo que se le da la gana. Si eso implica manosear la constitución y las leyes no se aterren: no hay dictador que actúe por fuera de la ley.

Dedicada a Lina Moreno @dejavepave, incansable luchadora que siempre estará en nuestros corazones.

 

@ANIABELLO_R