Los justicieros mediáticos del presidente Uribe tenían un negocio maravilloso, publicando microscópicos fragmentos del expediente, para recrear una falsa realidad respecto del proceso por el que el exmandatario hoy se encuentra en condición de secuestrado, como consecuencia de una medida de aseguramiento dictada por una corte suprema de justicia politizada y profundamente corrompida. 

La operación de desinformación consiste en tomar unos pocos segundos de una declaración cualquiera o de alguna de las interceptaciones telefónicas, para erigir un maderamen sobre el que se soporta la miserable tesis de que el presidente Uribe sí es culpable de los delitos por los que está siendo investigado. 

La democracia y la libertad de prensa permiten que cada quien exprese sus opiniones sobre el caso del exmandatario. Lo que no puede ser admisible es que mediáticamente se falsifiquen pruebas para confundir a la opinión pública y, de paso, ejercer una presión indebida sobre la justicia. 

Es evidente que Iván Cepeda, conocido en el mundo penitenciario con el alias de ‘Don Iván’, necesitaba tener bien escondido el expediente que fabricó con la ayuda del beodo exmagistrado Barceló y del miembro de la sala de instrucción, el contratista del santismo Cesar Augusto Reyes.

Así, con todo bien tapado, pudieron deslizarle partecitas a su instrumento mediático, Daniel Coronel Castañeda con el propósito de que a través de las entradas a su blog difundiera verdades construidas a punta de interpretaciones y paráfrasis mendaces del material probatorio. 

La operación era perfecta. Con base en el decir de unos mentirosos como Monsalve, cuyo testimonio fue convertido por ‘Don Iván’ y los suyos en una suerte de “evangelio” y la filtración debidamente planificada, se elaboró una versión de los hechos que riñe agresivamente con la realidad de los mismos. 

Por eso era necesarísimo que el expediente fuera público y que la ciudadanía pudiera acceder a la totalidad de las piezas que integran el acervo probatorio con un propósito claro: ponerle fin a las mentiras y a las falsas interpretaciones. 

Para nadie es un secreto la obsesión de personajes como Coronel. Estas semanas, ha quedado en evidencia su histeria y descontrol. Desde el mismo instante en que el proceso dejó de estar en manos de la secuestradora corte suprema, el bloguero perdió los estribos pues sabía que la verdad saldría a flote.

En la fiscalía, la investigación contra el presidente Uribe debe adelantarse con sujeción a la ley 906, lo que obliga a que todas las diligencias y las pruebas sean públicas. Así, por ejemplo, Monsalve dejará de ser un testigo clandestino y, eventualmente, tendrá que comparecer ante un juzgado para efectos de ser públicamente interrogado por la fiscalía, por la defensa del doctor Uribe y demás partes intervinientes en la investigación.

Cuando de engañar se trata, buenas son las filtraciones y publicaciones editadas y parcializadas de las evidencias contra Uribe, como sistemáticamente ha hecho Coronel Castañeda.

Pero cuando se puede conocer la totalidad del sumario, nadie caerá en la trampa de sus manipulaciones ni planteamientos maniqueos, donde él -Coronel- era la verdad revelada y Uribe el mal radical. 

@IrreverentesCol

Publicado: septiembre 22 de 2020