Son muy pocos los países en los que existe el llamado ‘voto en blanco’, una opción totalmente esotérica que no tiene razón de ser. Los defensores de aquel, dicen que su existencia es necesaria para permitirle al ciudadano que quiere ejercer su derecho al voto, pero que no siente simpatía por ninguna de las alternativas en contienda, concurrir a las urnas para depositar una balota o tarjetón sin escogencia ninguna.

De cara a la segunda vuelta que tendrá lugar el próximo 19 de junio se han empezado a enervar dos falacias.

La primera: que si el voto en blanco hipotéticamente llegara a obtener la mayoría, las elecciones tendrán que repetirse con nuevos candidatos. Mentira absoluta. En las elecciones presidenciales el voto en blanco no tiene ningún efecto real. En la primera vuelta sirve únicamente para calcular el umbral y determinar si alguno de los aspirantes obtuvo el 50% más un voto y así alzarse con la victoria en esa etapa del proceso electoral. 

Valga hacer un ejemplo. Si el 19 de junio el voto en blanco obtiene 10 millones, Rodolfo 3 millones y Petro 1 millón, el ganador será el exalcalde de Bucaramanga así el voto en blanco haya sacado más del triple de votos que él. 

Otra falacia tiene que ver con que el voto en blanco se le suma al candidato que quede de primero. Falso.

La perversidad del voto en blanco en una campaña tan compleja como la que vive -o padece- Colombia consiste en que no corrige el desequilibrio que hay, de 12 puntos porcentuales entre Petro y Rodolfo Hernández.

Se equivocan de manera grave los antiguos electores de ‘Fico’ Gutiérrez que, movidos por el desconsuelo natural que provoca la derrota, reaccionan diciendo que votarán en blanco. Si lo hacen, consciente o inconscientemente estarán manteniendo la ventaja de Petro. 

En esto debe imponerse el pragmatismo: hay que derrotar a Petro sin mayores consideraciones. El asunto es cara o sello; vivir o morir.

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Los primeros sondeos post primera vuelta muestran a Rodolfo Hernández encabezando la intención de voto. Aquel bálsamo no puede desembocar en el peligroso triunfalismo. Este asunto se liquida a las 4 de la tarde del próximo 19 de junio cuando se cierren las urnas. Hasta que llegue ese momento, hay que trabajar sin descanso para destrozar democráticamente a la extrema izquierda. 

El ingeniero Hernández, cuya victoria en primera vuelta es incontrovertible e incuestionable, debería analizar bien su conducta frente a quienes se disponen a votar por él. Es perfectamente entendible que quiera marcar distancia de las estructuras políticas tradicionales, entre ellas el Centro Democrático y el uribismo. Con esa estrategia consiguió un cupo en la segunda vuelta. Eso no se discute. Pero no ha ganado. E insultando, zahiriendo y, porqué no, humillando a quienes quieren, por gusto o por supervivencia democrática, votar por él no logrará lo más importante: que aquellas personas, además de sufragar, hagan proselitismo. Las buenas maneras siempre tienen resultados favorables. 

@IrreverentesCol

Publicado: junio 2 de 2002