Abundan las publicaciones y estudios sobre el asesinato moral, una práctica deleznable que mina emocional, personal, laboral y familiarmente a las personas que son víctimas de aquel flagelo.

Ese problema ha sido abordado por académicos que se han dado a la tarea de estudiar el fenómeno y elaborar documentos profundos sobre el mismo. Un grupo de profesores, creó el Character Assassination and Reputation Politics Research Lab -CARP-, centro de estudios que se encarga de realizar análisis y propuestas de fondo para enfrentar el matoneo sobre la reputación de las personas. 

El Character Assassination -término anglosajón- es definido por el CARP como “la destrucción deliberada de la credibilidad o reputación de un individuo a través de ataques contra su honra. Las técnicas del Character Assassination incluyen campañas negras, difusión de rumores, difamación anónima en la red y muchas otras tácticas. Los atacantes le apuntan a la vida privada, los valores y la identidad de sus víctimas en un intento de desacreditarlos y de ponerlos en ridículo”.

En Colombia, además de los burdos montajes que se hacen a través de Internet, falsificando información por medio de blogs anónimos cuyo origen puede rastrarse fácilmente a través de herramientas accesibles, cuentas fantasma en las redes sociales, las páginas de opinión del otrora importante periódico El Espectadorse están prestando para que personas con agendas políticas evidentes hagan lo que les viene en gana publicando una amalgama de informaciones -incluidos documentos falsos- con el objetivo de criminalizar a sus oponentes. 

El director de ese periódico, Fidel Cano cobardemente voltea la mirada y agazapado alienta el matoneo, dando respuestas babosas y sibilinas, alegando que “El Espectador no orienta a los columnistas sobre los tópicos respecto de los cuales deben opinar, no determina el sentido de esa opinión, ni interviene en los procesos de investigación que estos realicen para sustentar fácticamente sus opiniones…”.

Es evidente que la libertad de emitir opiniones es intocable e inviolable, pero también lo es el rigor con que aquellas deben exponerse. ¿Si un columnista de El Espectador presenta una columna diciendo que Fidel Cano es un violador, respaldado por un documento falso, el periódico hace la publicación del artículo?

La respuesta parece que es afirmativa, al leer un bodrio firmado por unas señoras que se presentan a si mismas como “las igualadas”. 

Las autoras de esa nota, con total perversidad titularon su artículo de una forma en la que su víctima queda, de entrada, en estado de indefensión. “El silencio del alcalde de Medellín frente a denuncias de violencia sexual que lo señalan”. 

Una acusación de semejante calibre, debe ir acompañada de evidencias ciertas y no de anónimos como efectivamente ocurre en ese caso. Dado que El Espectador no exige un chequeo de hechos porque su director cree que a él y a sus editores no les corresponde “rectificar opiniones de los columnistas, ni controlar editorialmente procesos de convicción cuyos fundamentos y curso sólo le competen a quien los asumió…”, cualquier colaborador de ese medio -cumpliendo un mandado político- puede criminalizar a quien le venga en gana con absoluta impunidad, destrozando el honor y la dignidad de una persona disfrazando ese acto de villanía como si se tratara de una “opinión”. Aquello no significa, ni mucho menos, que el alcalde Quintero Calle no deba dar las aclaraciones del caso y si efectivamente él cometió un delito sexual debe responder penalmente por el hecho.

Pero como fue planteado el artículo, las denominadas “igualadas” básicamente invirtieron la carga de la prueba, poniendo al alcalde de Medellín en una posición en la que él se verá obligado a demostrar que no es un violador, algo realmente inadmisible. 

Según las flamantes colaboradoras de El Espectador, una cuenta anónima de Twitter dijo que el alcalde Quintero Calle había abusado sexualmente de una mujer; las columnistas le dieron plena credibilidad. ¿Confirmaron que tan grave señalamiento fuera veraz? ¿Acaso revisaron que la cuenta anónima, al menos correspondiera a una mujer? Nada de eso.

Valdría la pena que el señor Fidel Cano hiciera el esfuerzo de leer el código editorial del New York Times, un periódico igual o más liberal que el que él dirige y se sorprenderá al conocer las rigurosas exigencias que se les impone a los columnistas en materia de chequeo de hechos, soportes documentales y demás.

Hace mucho tiempo quedó claro que El Espectador se ha convertido en una trinchera desde la que algunos energúmenos se dedican a liquidar moralmente a las personas que se les viene en gana. El nivel de sicariato es de una dimensión insoportable, al punto de que uno de sus articulistas, cual matón de esquina, amenaza con los contenidos de su “columna” con suficiente antelación, con el propósito de “meterle” miedo a sus víctimas.

El periódico de marras, no tiene mayores diferencias con las bandas criminales que le infringen daño a la sociedad. Ellos, los de El Espectador, son unos de los principales alentadores del Character Assassination en Colombia. 

@IrreverentesCol

Publicado: mayo 24 de 2020