En su primera juventud, mientras sus contemporáneos se preparaban académicamente, Gustavo Petro hacía un curso acelerado como extorsionista, secuestrador, asesino y terrorista. 

Su objetivo: la sociedad colombiana. Su enemigo: la Fuerza Pública. 

Uno de los peores criminales de la banda terrorista M-19 fue, precisamente, Gustavo Petro, un fundamentalista absoluto movido por el odio y la sed de venganza. 

Desde hace más de 10 años empezó a ‘hacer la fila’ con miras a la presidencia de la República. En las elecciones de 2018, alcanzó a obtener 8 millones de votos en la segunda vuelta, donde fue derrotado por el actual presidente de la República. 

Desde el mismo instante en que se confirmó la victoria de Iván Duque, Petro se trazó el objetivo de no permitir el desarrollo natural del gobierno, estimulando el desorden y el vandalismo en todo el país. 

Aprovechando políticamente la tragedia causada por la pandemia, en la que millones de personas han perdido su trabajo y fuentes de ingresos, Petro se ha consolidado como un líder negativo que le apuesta a la tragedia y no a la reconstrucción del aparato productivo nacional.

Uno de los principales promotores del desorden desatado como consecuencia de la muerte del abogado Javier Ordóñez, ha sido Gustavo Petro que, desde la comodidad de su lujosa casa en las afueras de Bogotá, ha enviciado el ánimo de la gente, lanzando arengas cargadas de odio contra a Fuerza Pública. 

Como guerrillero en la clandestinidad, Petro atentó contra los soldados y policías de la patria. Ahora, desde la ‘legalidad’ continúa provocando la inquina contra la Fuerza Pública, a través de generalizaciones irrazonables y prejuzgamientos desventurados contra nuestros hombres. 

Los policías señalados de causar la muerte de Ordóñez, tienen que ser llevados ante su juez natural y merecen gozar de todos los derechos para ejercer su defensa. Como se ha dicho insistentemente: si son hallados culpables, el castigo necesariamente deberá ser implacable. 

A Petro y sus adláteres les importa un comino la tragedia de Ordóñez. Ellos, haciendo exhibición de una absoluta inhumanidad y desprecio, están capitalizando la situación para obtener provecho político. 

Petro debe creer que está gozando de la hora del desquite. Llegó al censurable extremo de convertir a toda la Policía Nacional en una institución “victimaria”, como si fuera una estructura armada ilegal. Él, que se forjó en las filas de una banda mafiosa al servicio de Pablo Escobar, que se ha convertido en uno de los principales promotores de la impunidad del cartel del narcotráfico Farc, ahora funge como el verdugo de las fuerzas del orden de nuestro país. 

En su cuenta de ‘Twitter’, escribió un mensaje totalmente reprochable. “Acto de reconciliación donde las víctimas se arrodillan ante los victimarios”. 

El país está plenamente notificado de lo que sucedería en un eventual gobierno de Petro, donde la Fuerza Pública será tratada como la victimaria, mientras que los terroristas como él -Petro- seguramente serán exaltados a la condición de héroes de la República. 

No deja de ser angustiante que ese delincuente incendie al país con total impunidad. Los grandes medios lo aplauden, los políticos no se atreven a confrontarlo en escenarios distintos a las redes sociales, el gobierno no emprende las acciones necesarias para contenerlo y la justicia se acoquina a la hora de ponerlo en cintura.  

@IrreverentesCol

Publicado: septiembre 16 de 2020