El pasado 12 de abril, el presidente Iván Duque expidió el decreto 380 de 2021, que contiene el marco regulatorio para el control de los riesgos para la salud y el medio ambiente, derivados de la aspersión área con glifosato. Este decreto, personalmente, causa una gran emoción, pues es un paso más y un mecanismo adicional para la materialización de uno de los sueños que tuvo mi padre como Ministro de Defensa. Lo vi trabajar y luchar incansablemente para cumplir las condiciones que impuso la Corte Constitucional para la reanudación de la aspersión área.

Este mecanismo, suspendido desde el 2015, si bien tiene riesgos asociados, también está probado como el mecanismo más efectivo para combatir los cultivos ilícitos, que son la mayor amenaza para nuestra democracia. Lo que busca el decreto es establecer mecanismos de identificación y seguimiento permanente para el manejo de los riesgos asociados a la aspersión área con glifosato. El debate hay que darlo y en ese esfuerzo debemos rodear al gobierno, sirviendo de ciudadanos veedores y críticos permanentes de su instrumentalización.  

La creación del Comando del Narcotráfico y las Amenazas Transnacionales del Ejército, la expedición de este decreto y todos los esfuerzos del gobierno para combatir los cultivos ilícitos, son el reflejo de una hoja ruta trazada por la administración del presidente Duque y a la que mi papá siempre apeló como la gran cruzada contra el narcotráfico. “Cruzada contra el narcotráfico para proteger la vida; proteger la biodiversidad; impedir la deforestación; impedir el envenenamiento de fuentes de agua; proteger los jóvenes del consumo; proteger a los jóvenes de ser reclutados por el microtráfico; proteger los derechos humanos; luchar contra la corrupción; acabar con la fuente de financiación de quienes masacran y asesinan líderes sociales. Derrotar el narcotráfico es tarea de todos.”

Las concesiones otorgadas por el presidente Santos en el mal llamado acuerdo de paz, se tradujeron en que la administración del presidente Duque recibió 200.000 hectáreas de cultivos ilícitos y unas disidencias de las FARC fortalecidas, y a su vez protegidas por la triste y caricaturesca dictadura de Maduro, hoy con sus socios y aliados, los narcoterroristas ´Iván Márquez´ y ´Santrich´. Los socios y aliados de ese tinglado de delincuentes, en el escenario nacional, son los mismos que hablan de paz, pero atacan el reinicio de mecanismos probados como la aspersión, imponiendo trabas legales, con el único objetivo de fortalecer sus rentas criminales.

Para el reinicio de la aspersión área, aún faltan algunos requisitos, como el concepto previo favorable por parte del Instituto Nacional de Salud (INS) sobre los posibles riesgos en la salud, el concepto sobre riesgos ambientales que debe otorgar la Agencia Nacional de Licencias Ambientales (ANLA). Confío en que estos conceptos validarán los mecanismos establecidos para el control y efectiva mitigación de los riesgos asociados a la aspersión área. El país no puede perder tiempo en este esfuerzo y debe reanudar la implementación de este mecanismo cuanto antes. Cada paso en esa dirección será la consolidación del legado de mi papá, que vivió con propósito y trabajó con la obsesión de crear las condiciones de seguridad para que todos los colombianos podamos vivir y trabajar tranquilos.  Denunciar, atacar frontalmente todos los eslabones de la cadena y apoyar decididamente, sin vacilaciones y sin temor el esfuerzo y sacrificio de nuestros soldados y policías, debe ser el propósito superior. El enemigo de Colombia es el narcotráfico, no el glifosato.

@CamiloTrujSaa

Publicado: abril 15 de 2021