Santos, que se le vendió por un puñado de dólares a Odebrecht, está políticamente empeñado a la dictadura de Maduro.

Juan Manuel Santos le vendió la dignidad de la presidencia a Odebrecht, cuando selló con esa empresa una alianza corrupta que se materializó con la financiación ilegal de su elección en 2010 y su reelección en 2014.

Acostumbrado a ese tipo de transacciones ilegales, desde que llegó al poder hace casi 7 años, le entregó las riendas del proceso con el grupo terrorista de las Farc a la dictadura venezolana. Primero al agonizante Hugo Chávez y luego a Nicolás Maduro y al séquito de cuatreros que lo rodea, en particular la canciller y líder comunista venezolana, Delcy Rodríguez.

Santos presenta su proceso con las Farc como una política suya, pero cada vez son más fuertes las evidencias de que eso no es así. Para la muestra, una serie de afirmaciones recientes de Maduro y de la canciller Rodríguez.

A mediados de febrero, en una de sus eternas alocuciones televisadas, Maduro profirió una amenaza que nunca fue ni respondida ni aclarada por nuestro gobierno. En efecto, el dictador venezolano, en tono camorrero, le mandó una razón a Santos: “En Colombia deben saber que no hubiera habido (sic) acuerdo con las Farc sin la base sólida de la revolución bolivariana. Y no habrá paz en Colombia si desestabilizan la revolución bolivariana”.

Frente a semejante desafío, el gobierno colombiano pasó de agache. Cuando desde la oposición se dice que el proceso con las Farc es una entrega absoluta de nuestro país al régimen nefasto del socialismo del siglo XXI, Santos reacciona de manera automática para desmentir la afirmación.

Si en efecto el acuerdo entre él y el jefe terrorista, alias Timochenko no estuviera empeñado a la dictadura venezolana, Maduro no tendría porque estar amenazando con llevarse por delante el proceso si su satrapía llega a caer.

Dos semanas después de esa temeraria intervención, a comienzos de marzo, el prestigioso periodista venezolano Antonio María Delgado, publicó en el diario El Nuevo Herald una denuncia que tampoco tuvo ninguna trascendencia en Colombia.

El periodista redactó un artículo en el que puso en evidencia que Maduro, para evitar sanciones de la OEA –en particular la aplicación de la Carta Democrática-, le pidió a Santos que se convierta, valiéndose de su condición de Nobel de Paz, en el promotor de un diálogo con la oposición venezolana.

Al enterarse de esa jugada, la dirigente opositora, María Corina Machado,  le remitió una dura carta a Santos en la que le dijo que “sería lamentable que, para no disgustar a Nicolás Maduro en su papel de acompañante en el proceso de las con las Farc y el Eln, se fomente, alabándolo, un falso diálogo, a cuya sombra ha sido profundizada la represión en Venezuela”.  Al cierre de la misiva, Machado advierte que “no habrá paz duradera en Colombia mientras en Venezuela impere una dictadura cómplice de los grupos criminales que tanto dolor han provocado en nuestros países…”.

Aquellos antecedentes explican las recientes salidas de la canciller colombiana, María Ángela Holguín en defensa del gobierno venezolano, insistiendo en que “la solución es el diálogo urgente entre los venezolanos” y anunciando que Colombia se opone a la aplicación de la Carta Democrática de la OEA. Según ella, “ahí no hay mayor cosa…La carta Democrática es una figura. Si usted va a ver, no tiene dientes para que pase algo… La decisión no es fácil”.

Claro que no es fácil para la canciller María Ángela Holguín tomar decisiones contundentes frente a Venezuela, porque el gobierno colombiano está empeñado a la dictadura de aquel país. Santos no tiene el control real del proceso con las Farc y el tirano Maduro se encarga permanentemente de recordarlo y enrostrarlo.

La semana pasada, la canciller venezolana se dirigió al consejo permanente de la OEA. Pronunció un discurso de 43 minutos, cargado de insultos al secretario general de ese organismo, Luis Almagro, a quien llamó “mentiroso, deshonesto, malhechor y mercenario”.

La ministra Rodríguez, aprovechó el escenario para lanzar toda suerte de arengas comunistas y, al final, cerró su intervención profiriendo 5 advertencias. La última de ellas iba a dirigida a nuestro país. En tono abiertamente amenazante, dijo la señora Rodríguez que Venezuela “promoverá sendos consejos permanentes de la OEA para el cumplimiento de los acuerdo de paz en Colombia”.

Era un mensaje directo al gobierno de Santos: o se porta bien con la dictadura, o ésta pone en aprietos los pactos celebrados con las Farc.

Va siendo hora, entonces, que se devele realmente qué hay detrás del acuerdo Santos-Timochenko y que se explique porqué, en las últimas 5 semanas, Maduro y su cuadrilla dictatorial se han concentrado en amenazar con ese asunto.

Lo que por ahora se puede concluir es que, además de habérsele vendido por un puñado de dólares a Odebrecht, Juan Manuel Santos, está políticamente empeñado a la dictadura de Venezuela.

@IrreverentesCol

Publicado: abril 4 de 2017