Sergio Fajardo es un candidato hasta ahora inmune a cualquier crítica o cuestionamiento. Si llueve, no se moja. Si entra a un pantano, el barro no lo ensucia. A pesar de los serios cuestionamientos que pesan en contra suya luego de su paso por la alcaldía de Medellín y la gobernación de Antioquia, nada de ello lo ha afectado en buena medida por el silencio cómplice de los grandes medios de comunicación que a lo largo de estos años se han prestado para construir una halo de santidad entorno a Fajardo.

Una persona que aspira a gobernar un país debe responder por su propuestas del presente, pero también por sus ejecutorias del pasado Y Fajardo no le ha aclarado al país cómo fue aquello de la denominada donbernabilidad que se vivió en Medellín durante su alcaldía. En efecto, existen denuncias muy sustentadas en el sentido de que la administración de Fajardo hizo alianzas con las estructuras criminales lideradas por el capo del narcoparamilitarismo, alias Don Berna para efectos de “mantener” la calma en la ciudad y reducir los índices de criminalidad en la capital antioqueña.

Colombia ha padecido los efectos nefastos de las alianzas entre el Estado y estructuras ilegales. El ejemplo más claro fue el de los denominados PEPESPerseguidos por Pablo Escobar-, quienes se asociaron con la Fuerza Pública con el beneplácito del presidente de la época, Cesar Gaviria, para combatir mancomunadamente al jefe del cartel de Medellín.

Para cavar con un mal, se no pueden celebrar alianzas con el demonio. Así como Gaviria buscó al hampa para que le ayudara a exterminar a Escobar, Sergio Fajardo, apoyado por su aliado Alonso Salazar, se acercó al paramilitarismo para hacer una “tregua” con el fin de generar una falsa percepción de seguridad y sosiego en Medellín.

Antes de que avance la campaña, el doctor Fajardo, sin ambages ni dilaciones, debe explicarle al país si es cierto que estuvo reunido con los jefes de las AUC en Villa Esperanza antes de ser elegido alcalde de Medellín, tal y como lo denunció el cabecilla de las AUC, alias El Alemán.

Aquel no es el único cuestionamiento que existe contra Fajardo por sus presumibles relaciones con el mundo criminal. Como se denunció en su momento, siendo alcalde de Medellín, Fajardo hizo nombrar a Fredy Escobar, alias Yimmi Ríos o Mateo, en la junta directiva de las Empresas Públicas de Medellín -EPM-. Escobar, quien había sido un entusiasta promotor de la candidatura de Fajardo a la alcaldía de Medellín, resulto ser un peligroso cabecilla de las Farc.

Igualmente, existen dudas sobre la transparencia con que fueron manejados los recursos del departamento de Antioquia mientras Fajardo fue su gobernador. A finales de septiembre del año pasado, la contraloría general, ordenó embargar dos bienes inmuebles de Fajardo, en el marco de una investigación fiscal que se adelanta en su contra por el sobrecosto de cerca de $2 mil millones de pesos en la construcción de varias estaciones de policía en distintos municipios antioqueños.

¿Fajardo es un buen gobernante? Mientras fungió como gobernador, repitió que su objetivo era el de convertir a Antioquia como el departamento “más educado” del país. Para ello, invirtió miles de millones de pesos en asesores y estrategas de comunicación, pero los resultados no fueron los esperados. A pesar de que el slogan se convirtió en cuñas publicitarias que fueron convenientemente pautadas en grandes medios de comunicación, Antioquia no quedó ni siquiera dentro de los 10 mejores departamentos en las pruebas SABER. Fajardo gastó casi $200 mil millones de pesos en pauta oficial durante los 4 años que estuvo al frente de la gobernación.

Al salir de la gobernación, Fajardo dejó un déficit fiscal de cerca de $130 mil millones de pesos, una cifra realmente escandalosa. Muchos antioqueños aún se preguntan, qué hizo Fajardo durante 4 años con el dinero del departamento. La situación económica era tan delicada que el actual gobernador, Luis Pérez, tuvo que se denunciar que Antioquia iba “camino a la bancarrota”.

Va siendo hora de que el candidato que se presenta como un exponente de la decencia, se quite la capa de teflón con la que se reviste y le aclare a Colombia las graves dudas que hay sobre él y, sobre todo, que explique cuáles son los criterios económicos con los que aspira gobernar, pues el país no puede aceptar que el nuevo presidente prefiera gastarse el dinero público aceitando a los grandes medios de comunicación en vez de invertirlo en la satisfacción de las necesidades de la comunidad.

@IrreverentesCol

Publicado: enero 22 de 2018