Pinzón está haciéndole el juego a Santos: engaña a los ciudadanos para hacerles creer que ha marcado distancia del presidente.

Juan Carlos Pinzón es un santista en todo el sentido de la palabra. Llegó al viceministerio de defensa de la mano del hoy presidente de la República y desde siempre ha sido un coequipero leal y perfectamente sincronizado.

Cuando Santos asumió la presidencia de la República el 7 de agosto de 2010, el primer nombramiento que hizo fue el de Pinzón como secretario general de la Casa de Nariño, hecho que lo convirtió, literalmente, en la persona más poderosa del gobierno. El así llamado “computador de palacio” estaba en sus manos y fue, precisamente, la persona encargada de poner en marcha la nefasta y corruptora fórmula de la repartición de mermelada.

La perversidad de Santos es evidente y sabe que quien quiera elegirse en 2018 para darle continuidad de su fallido gobierno, no podrá hacerlo enarbolando sus banderas.

Poniéndolo en perspectiva, si en 2010 Santos les hubiera dicho a los colombianos lo que pensaba hacer con el país, difícilmente habría llegado a los 100 mil votos. Ninguna persona con un ápice de serenidad ni sanidad mental le hubiera dado su voto, mucho menos la gran mayoría uribista que aquel año fue víctima de la más vulgar y brutal estafa política de que haya memoria en nuestra historia republicana.

Pinzón no es uribista, jamás lo ha sido. Como embajador en Washington, patinó ante el departamento de Justicia de los Estados Unidos la solicitud de extradición contra el exministro Arias, cuya situación está siendo valorada por un juez federal en la ciudad de Miami y corre el riesgo de ser entregado a las autoridades colombianas para efectos de que pague la condena de más de 18 años que le fue impuesta por la corte suprema de justicia.

Es evidente que Juan Carlos Pinzón está poniendo en marcha una jugada calculada y articulada con Santos. Mostrándose como crítico del proceso de paz, pretende embaucar a los ciudadanos, haciéndoles creer que no está de acuerdo con la rendición del Estado colombiano ante la banda terrorista de las Farc. El objetivo es repetir la misma operación de 2010: engañar a los ciudadanos, ganar las elecciones con un discurso y gobernar con otro totalmente diferente.

Se equivocan los que apresuradamente salieron a aplaudir los “cuestionamientos” de Pinzón al desarme de la banda terrorista de las Farc. Él, como embajador ante el gobierno de Barak Obama, fue definitivo para que los Estados Unidos respaldaran las conversaciones de La Habana, al extremo de que un delegado de la Casa Blanca, Bernie Aronson, tuviera asiento permanente, en calidad de observador invitado, en la mesa de diálogo.

Si alguien debía conocer los pormenores de las negociaciones, ese era Juan Carlos Pinzón quien permanentemente debía responder los cuestionamientos de la oposición republicana. Así que sus “críticas” no son más que una burda puesta en escena de alguien que tiene el objetivo de ganar en 2018, para continuar cumpliendo el papel para el que Santos lo seleccionó hace más de 10 años: ser su segundón, en todo el sentido de la expresión.

@IrreverentesCol

Publicado: julio 3 de 2017