Desde hace varios días, el jefe del socialcomunismo Gustavo Petro intenta marcar distancia de los actos de terrorismo y violencia que se registran en el país, situaciones que evidentemente fueron causadas por él que, a través de mensajes e intervenciones incendiarias, no han hecho cosa distinta que estimular la lucha de clases, propia de los marxistas.

Las escenas de terror que se han registrado en distintos lugares del país, además de la insoportable carga violenta que traen consigo, son el reflejo del odio desbordado que Petro ha venido incubando en millones de Colombia desde hace mucho tiempo.

Colombia era un país en el que, a pesar de las grandes dificultades y de las carencias económicas que padece un amplio sector social, no había cedido ante el discurso del resentimiento. Hoy, con frustración, debe admitirse que Petro y los suyos han logrado inocular la rabia en los corazones de muchísimas personas.

Pero la violencia que se ha desatado tiene un efecto demoledor sobre las personas de menor recursos que se han quedado sin sistema de transporte masivo, que han visto cómo los precios de la canasta básica han empezado a subir como consecuencia de la escases generada por los bloqueos. Miles de pequeñas empresas han tenido que cerrar sus puertas para siempre, pues el paro petrista acabó por sepultaras. El efecto inmediato es la pérdida de un considerable número de puestos de trabajo.

Los colombianos no son tontos. Puede que muchos estén de acuerdo con que es necesario alzar la voz para expresar su descontento frente a la situación económica y social que se vive en el país. Pero eso no significa que esas gentes compartan la violencia orquestada y dirigida por Petro y los miembros de su círculo o, para usar un término de ello, su ‘primera línea’.

¿Quién va a creer que el petrismo no está aguijoneando a los antisociales para que cometan acciones violentas? Basta observar al salvaje senador Gustavo Bolívar anunciando colectas de dinero y adquiriendo objeto de protección para la pandilla criminal denominada ‘Primera Línea’.

Las imágenes son concluyentes. La tal ‘Primera Línea’ está integrada por antisociales que lanzan objetos contundentes contra los miembros de la Fuerza Pública, que desatan incendios voraces, que no hace mucho tiempo intentaron quemar vivos a unos policías en el interior de un CAI.

Es a esas personas a las que Bolívar está apertrechando con cascos y demás artículos que está adquiriendo con recolectas adelantadas a través de la cuestionada plataforma ‘Vaki’.

Surge la pregunta de porqué Gustavo Petro quiere marcar distancia de los violentos. La respuesta es obvia. En su mente retorcida y criminal maduró la hipótesis de que el paro violento derrocaría al gobierno de Iván Duque en cuestión de horas. Al no lograr su cometido, y al extenderse la ola de violencia, los colombianos empezaron a mirar hacia el responsable de la oleada de anarquismo.

Por eso, resulta tan importante, esclarecedora y definitiva la nota editorial que hace unos días publicó la revista Semana, haciendo un recuento completo de las acciones de terror que se han sufrido en el último mes e indicando el grave daño que el jefe socialcomunista le hace a Colombia. Su sed de poder le hizo perder los estribos, llevándose por delante a un país que ha hecho ingentes esfuerzos para no sucumbir ante la pandemia.

Este no es una situación que se asemeje a la que maravillosamente se lee en la obra de Robert Luis Stevenson, El extraño caso del doctor Jekyll y el señor Hyde, en el que una misma persona tiene dos personalidades que antagonizan. Una violenta y sanguinaria, y otra pacífica y civilista. 

La de Petro es una estrategia bien planeada. El incendia al país, luego trata de recoger el discurso, sin mayor convicción ni contundencia, pero siempre teniendo a su lado a un matón de baja estatura moral como Gustavo Bolívar, haciendo el trabajo sucio, nutriendo con dineros y pertrechos a los terroristas.

Como desafortunadamente la administración de justicia colombiana -valga utilizar el refrán de la senadora Paola Holguín- solo llora por un ojo, ni Petro ni los miembros de su banda criminal serán investigados, queda el consuelo de que la sanción política tiene que llegar. Como es bien sabido, las urnas hablan y a ellas les llegará el turno de hacerlo en mayo del año entrante.

Petro y su gente merecen el más duro de los castigos democráticos posible.

@IrreverentesCol

Publicado: mayo 31 de 2021