No hay que llamarse a engaños. La alcaldesa de Bogotá fue incapaz de manejar la crisis del coronavirus. Sus posiciones ambiguas y su falta de liderazgo, sumados a su ignorancia supina en materias relacionadas con la salud pública, se convirtieron en un coctel mortal que tiene en jaque a la capital de la República. 

Preocupa sobremanera la acelerada ocupación de las unidades de cuidados intensivos, que sobrepasa el 42%. Ese indicador, como recientemente alertó la congresista del Centro Democrático, Margarita Restrepo, obliga a encender todas las alarmas porque en palabras suyas “cuando el porcentaje sea del 70%, es necesario decretar la alerta roja”.

Claudia Nayibe debe dar las explicaciones del caso. Y aquellas no pueden tramitarse a través de los publirreportajes que le hacen sus periodistas radiales amigos, sino por medio de los debates de control político.

Recientemente, la Cámara de Representantes le remitió a López un cuestionario de más de 30 preguntas, con el propósito de oír sus respuestas a través de un debate en esa corporación. 

La acobardada alcaldesa, que era tan incisiva y alevosa cuando ocupó una curul en el Senado y que obligaba a que los funcionarios comparecieran a las citaciones parlamentarias, se excusó a través de un subalterno suyo. 

Bueno sería que la mandataria local, en vez de gastar tanto tiempo paseando por la calles de Bogotá megáfono en mano y envuelta en un traje desechable, le pusiera la cara a la comunidad, cumpliendo con la citación de la Cámara de Representantes. 

Ese debate es un escenario importantísimo para que los bogotanos puedan conocer realmente qué está haciendo la alcaldía para atender el imparable crecimiento de los contagios en la ciudad. 

Atrabiliaria, violenta, soberbia y profundamente intransigente. Así podría resumirse la conducta de la persona que la mayoría de electores bogotanos resolvieron entronizar en la alcaldía. 

Las cifras son supremamente angustiantes. Localidades como Kennedy, Bosa, Suba y Ciudad Bolívar observan el mayor número de contagios, sin que los bogotanos sepan qué piensa hacer la alcaldesa para hacer cumplir el aislamiento ordenado por el gobierno nacional y por ella misma.

Claro que no se puede esperar gran cosa de ella, que debería dar ejemplo y en cambio de ello sale de compras y de paseo con su esposa la senadora Lozano. Cuando las autoridades anuncian investigaciones por sus fallas, de inmediato se victimiza y la emprende contra el gobierno y las autoridades penales y disciplinarias. 

La actitud de la alcaldesa es francamente desconcertante. Acostumbra evadir las responsabilidades y las consecuencias de su probada impericia. Esto no es un asunto de vanidades políticas, sino una situación de vida o muerte. Y si la alcaldesa no es capaz de entender la gravedad del asunto, o no posee la habilidad para manejar la crisis, tomando decisiones acertadas, corresponderá que el gobierno nacional, en aras de salvar la vida de miles de bogotanos, tome decisiones drásticas respecto de la alcaldesa que ha resultado ser una experta trinadora y una pésima administradora. 

@IrreverentesCol

Publicado: mayo 29 de 2020