A mediados de marzo de 2009, un año y medio antes de que culminara el gobierno de Álvaro Uribe, Luis Carlos Restrepo renunció al cargo de Alto Comisionado para la Paz.

En su reemplazo, fue designado Frank Pearl, quien se venía desempeñando como director de la oficina para la reintegración de los más de 50 mil integrantes de los grupos al margen de la ley que entregaron sus armas y se habían sometido al Estado.  

Más se demoró Uribe en nombrar a Pearl que éste en empezar a buscar canales de comunicación con las Farc, específicamente a través del misterioso Henry Acosta quien se presentaba como un empresario con acceso al terrorista Pablo Catatumbo. 

El gobierno Uribe nunca descartó la posibilidad de un acuerdo con las Farc, pero bajo unas condiciones muy claras: cese unilateral y definitivo de todas las acciones ilegales; devolución de todos los secuestrados, compromiso de reparación a las víctimas, sometimiento a un mecanismo de justicia con castigos efectivos y, por supuesto, no elegibilidad.

Pearl sabía que no le alcanzaría el tiempo -al gobierno Uribe le quedaban 17 meses cuando él asumió como Comisionado de Paz-, pero insistió en aceitar el contacto con las Farc, apostándole al triunfo de Juan Manuel Santos quien, desde el ministerio de Defensa y por debajo de la mesa -a través de Moris Ackerman- tenía una oficina de paz en la sombra que buscaba -sin conocimiento ni autorización del presidente Uribe-  contactos con grupos armados ilegales. 

Durante los primeros meses del gobierno de Santos, Pearl estuvo por fuera del Gabinete. En septiembre de 2011, fue nombrado como ministro de Ambiente, pero sus funciones eran otras: ayudar a perfeccionar las bases del proceso de paz con la banda terrorista Farc, esa misma que durante décadas enteras persiguió y atentó implacablemente contra los industriales colombianos, entre ellos los productores de azúcar. 

Los diálogos con las Farc se instalaron formalmente en septiembre de 2012 y desde ese momento, Pearl empezó a ser parte del equipo negociador de Santos. 

Uno de los objetivos violentos de las Farc fueron los ingenios azucareros. En abril de 2002, más de cien integrantes de ese grupo terrorista ingresaron a sangre y fuego al ingenio Pichichí. A lo largo de la historia, ese grupo delincuencial se ha encargado de atizar el descontento de las comunidades indígenas del Cauca, infiltrándolas y atizándolas para que emprendan acciones de sabotaje contra la infraestructura azucarera nacional.    

Miles de hectáreas sembradas con caña, fueron destrozadas y buena parte de la infraestructura para el procesamiento del azúcar resultó averiada. 

Los cañaduzales son los “cocos” con los que la extrema izquierda estimula el odio de clases. En la campaña presidencial de 2018, Gustavo Petro anunció la expropiación del ingenio Incauca, de propiedad de la familia Ardila.

Aseguró que el gobierno “compraría” las tierras que integran a ese ingenio y que las mismas le serían entregadas a sus trabajadores. Aquello, encendió todas las alertas, pues el de Petro era un discurso exactamente igual al de Hugo Chávez, recordado con horror por sus esquizofrénicos “exprópiese”. 

Frank Pearl es el arquitecto del acuerdo de impunidad de las Farc. Uno de los responsables de la persecución violenta, las extorsiones, secuestros y crímenes cometidos contra los socios y empleados de los ingenios azucareros, alias Pablo Catatumbo, hoy es senador gracias a las curules gratuitas que se pactaron en La Habana. 

Era totalmente incoherente que el gremio de los ingenios, que representan casi el 40% del PIB agrícola del Valle del Cauca, designara como su representante a un individuo que se prestó para cubrir con el manto de impunidad al grupo terrorista que con mayor agresividad los ha atacado a lo largo de la historia. 

El señor Pearl, de manera libre y sin que mediara presión ninguna, resolvió sumarse al acuerdo espurio con las Farc. Y su participación decidida en el pacto de La Habana seguramente le ha significado aplausos en la extrema izquierda, en las Farc y en el santismo, pero también genera desconfianza en otros sectores. Aquel es el costo que él tendrá que asumir.

Por eso, es perfectamente natural que Asocaña reversara la sospechosa selección de Pearl al frente de su gremio que, según se ha informado, se produjo a través de una firma “cazatalentos”. Pearl, además de no tener experiencia en asuntos relacionados con el azúcar y con la producción de etanol, no tiene arraigo en la región donde están ubicados los ingenios y, por supuesto, despierta todas las sospechas producto de su decidida contribución al acuerdo ilegítimo con el terrorismo.  

@IrreverentesCol

Publicado: junio 2 de 2020