Ese fue el talante de su manera de gobernar. Y estábamos más que advertidos, pero nadie lo notó y mucho menos el presidente Uribe, que aunque no lo crean es un hombre es ese aspecto muy incauto porque confía demasiado en la gente.

Juan Manuel Santos lo dejó ver en una de sus frases lapidarias, llenas del sarcasmo que le caracteriza; “estúpido es el que no cambia de acuerdo a como cambian las circunstancias”. JMS resultó no solo ser un pésimo gobernante, sino que es también portador de un descaro tal que ni siquiera se le conocio al senador y militar romano Catalina (108 – 62 a.C.), que hacía lo que le daba la gana sin el menor recato.

El término descarado se utiliza mucho en aquellas cosas que resultan condenables, pero que el presidente las ejecuta sin el menor disimulo. Da la sensación que cree que todos somos mentecatos, que no lo advertimos, o que definitivamente es una forma de abominación y desprecio a sus gobernados.

La lista del descaro es larga como contundente: dijo sin el más mínimo pudor que hay que destapar la olla podrida de corrupción en Odebrecht, y hay más de 10 funcionarios de su gobierno untados hasta la coronilla. Dentro de los que hay varios ministros de Estado. Con todo y que el fiscal Martínez Neira le guarda cierta condescendencia, que ya le hacen imposible seguir tapando el sol con las manos. Desconoce de manera singular, – y hoy cuando no le sirven los mira desde lejos- que sus dos mayores aportantes de votos, los Ñoños y los Musas, hayan pertenecido a su maquinaria electoral y fueran definitivos y cruciales en el triunfo de su candidatura en el 2010.

Ha impuesto con suma desfachatez el acuerdo de La Habana por encima del 85% del pueblo que lo desaprueba. ¿Qué acaso no advierte que el pueblo colombiano detesta a los comandantes farianos tanto como a él?

Es un imposible moral y estético tratar de meternos por los ojos al tal Santrich o a Iván Márquez, la gente los aborrece.

JMS es un maestro del engaño, ni siquiera los más grandes actores dramáticos pueden igualárseles, pero es notable y proverbialmente cínica su política descarada de persecución a la oposición,  impulsando falsas denuncias utilizando los medios de comunicación para des honestar de quienes lo critican. Si no fuera por el internet y las redes sociales el país estuviera en el más profundo oscurantismo, y el engaño y el descaro serían mucho mayor.

Hoy se declara – cuando otros gobernantes le han quitado su apoyo al gobierno de Venezuela – enemigo número uno de su otrora mejor amigo, Nicolás Maduro. Quien no solo fue el padrino de su ilegítimo acuerdo de La Habana, sino que  prestaba el suelo venezolano para exportar cocaína y esconder a guerrilleros farianos que delinquían desde la frontera. Ambos terminaron trenzándose en un debate de la más baja ordinariez diplomática, típico solo de “gobernantes” de repúblicas bananeras.

@rodrigueztorice

Publicado: agosto 3 de 2017