La decisión del fiscal Gabriel Jaimes, quien en las próximas semanas solicitará ante un juez de conocimiento la preclusión del proceso contra el presidente Álvaro Uribe -por los supuestos delitos de manipulación de testigos-, volvió a mover odios y afectos en el mundo político, los mismos que se mueven siempre, cuando se trata del nombre de quien para mi es uno de los hombres más importantes de Colombia y Latinoamérica en la historia contemporánea.

Y no es para menos. Para el coordinador de la Fiscalía Delegada ante la Corte Suprema de Justicia, no existen elementos probatorios, físicos, ni la información legalmente obtenida durante el proceso, para evidenciar que los hechos por los cuales fue ordenada la captura del presidente Uribe por parte del magistrado Reyes, tengan la característica de delito. ¡Grave! ¡Muy grave!

Grave, extremadamente grave, que el fiscal Jaimes, confirme lo que se había alertado por todos los medios posibles, medios de comunicación, redes sociales, y por sus propios abogados, que al senador y presidente Álvaro Uribe Vélez, se le violaron todos los derechos constitucionales y procesales en la Corte Suprema de Justicia. Grave que se confirme y ratifique que dentro de la Corte Suprema de Justicia exista una confabulación contra el presidente Uribe. ¡Grave!

Insistimos en la palabra ¡Grave! porque la Corte Suprema de Justicia debe ser la institución sobre la cual no debería existir ninguna duda ni desconfianza, por el contrario, por ser el máximo tribunal de la jurisdicción ordinaria, debería ser la meca de la moralidad  pública; porque se entiende que sobre sus decisiones no debería existir animo alguno diferente a lo ordenado en nuestro ordenamiento jurídico y nuestra constitución política.

El solo hecho de que un expresidente de la Corte Suprema de Justicia y varios de sus magistrados estén inmersos en procesos judiciales, debería generar un terremoto en la opinión pública, en la vida institucional, y en el mundo político, que exija la renuncia de todos los magistrados de la Corte Suprema de Justicia. En el caso del presidente Uribe, siempre se ha conocido y probado, que no tiene garantías dentro de la Corte Suprema de Justicia, y se prueba con el solo hecho de que su teléfono móvil fue interceptado sin orden judicial, situación que hubiera generado otro terremoto con fuertes cimientos garantistas.

Al presidente Uribe se le persigue judicialmente porque sus opositores no han sido capaces de derrotarlo en las urnas desde el año 2002, como tampoco han sido capaces de enfrentarlo con argumentos y altura en el recinto donde finalmente se deberían sentenciar las diferencias entre el presidente Uribe y el senador Cepeda, como lo es el Congreso de la República. Es claro que la obsesión del senador Cepeda contra la humanidad del presidente Uribe, radica en que el presidente Uribe es la voz de millones de colombianos que exigen del Estado el cumplimiento de la imposición del orden y de la seguridad como herramienta constitucional para combatir a grupos criminales, guerrilleros y terroristas, organizaciones con las que el senador Cepeda tiene afinidad, simpatía y convivencia, como lo probó el más reciente apoyo del impune terrorista “Timochenko”.

El debate político fue judicializado hace rato, existen diferentes casos que lo prueban, y lo sigue probando las decisiones y actuaciones de la ilegitima Jurisdicción Especial para la paz JEP, que en lugar de seguir en la tarea de exculpar a los terroristas de las FARC para que finalmente salgamos de este cocinado que tenemos que comernos, sigue en su férreo propósito de construir una narrativa judicial que pretende ubicar en la silla de los acusados a quienes por diferentes circunstancias enfrentaron desde la legalidad o la ilegalidad a los integrantes de las FARC. Porque finalmente para la JEP, Cepeda y las FARC, lo único que importa es derrotar como sea a quien o quienes tuvieron la valentía histórica de impedir que esta nación hubiera quedado en manos de las FARC y de sus aliados que siguen escondidos en medio de expedientes judiciales.       

@LaureanoTirado

Publicado: marzo 9 de 2021