¿A quién la iba a caber en la cabeza hace unos años que Gustavo Petro, un reinsertado del M-19 y exponente de la izquierda más radical del País, iba a terminar de Alcalde de Bogotá? A absolutamente nadie…

Sin embargo, hace 8 años el estúpido ego de cuatro candidatos con una visión de ciudad similar hicieron posible lo imposible y dividieron los votos de la centro-derecha de la ciudad. La consecuencia, fue la victoria de un populismo que condenó a Bogotá a una desastrosa crisis de gobernabilidad durante 4 años.

Uno de estos responsables fue Carlos Fernando Galán. De hecho, fue uno de los principales culpables, dado que sus posibilidades de victoria eran mínimas, pero su insaciable ego le impidió construir una coalición con Enrique Peñalosa, Gina Parody y David Luna, los entonces candidatos.

Si recordamos la votación de esa oportunidad, los casi 300mil votos que obtuvo Galán hubieran sido determinantes para que, por ejemplo, Peñalosa superara a Petro y Bogotá no hubiera concretado 12 años bajo el yugo de la nefasta izquierda.

Ahora, 8 años después, los fantasmas del pasado parecen repetirse y, curiosamente, con el mismo actor. El dañino ego de Galán ha cerrado de tajo cualquier posibilidad de alianza con Miguel Uribe, dejándole el camino libre a la peligrosa candidatura de Claudia López, a pesar que este ha tendido todos los puentes posibles para materializar una candidatura única en contra de la izquierda.

Ojalá que los designios de la vida permitan que por intermedio del voto útil se consolide la candidatura de Uribe Turbay y Bogotá pueda continuar con los miles de proyectos que la administración Peñalosa ya tiene estructurados, financiados y en ejecución después de encontrar un total desorden administrativo en la gestión Petro.

Bogotá no puede seguir siendo la cenicienta que es utilizada como trampolín para buscar la Presidencia. Necesita un liderazgo consciente del talante de la ciudad y que genere las condiciones de seguridad e institucionalidad propias de la urbe que le aporta al País el 25% del PIB y más del 43% del impuesto de renta de Colombia.

PD: la excesiva concentración de poder en la Contraloría que generó el Acto Legislativo recientemente aprobado en el Congreso debe ser tomada con mucho cuidado. Se duplica su presupuesto en 3 años, pasando de 500mil millones a más de 1 Billón, y convierte a esta entidad en uno de los principales fortines burocráticos de los partidos.

Ojalá que el control preventivo y concomitante no se convierta en un mecanismo de extorsión de la Contraloría al Gobierno de turno y no lo digo por Carlos Felipe Córdoba, un funcionario con una hoja de vida intachable, sino, especialmente, por los Contralores que lleguen a futuro, quienes pueden encontrar en este cargo la posición perfecta para arrodillar a los Ministros y Presidentes que no accedan a sus variadas pretensiones.

El remedio, una vez más, puede terminar siendo nefastamente peor que la enfermedad.

@LuisFerCruz12

Publicado: septiembre 18 de 2019