Una de las operaciones de corrupción política más aterradoras es, sin duda ninguna, la protagonizada por Juan Manuel Santos con la firma brasilera Odebrecht, compañía que, con recursos públicos de los colombianos, donó miles de millones de pesos para garantizar la elección y reelección de ese expresidente de la República.

Fue este portal el que descubrió y puso en conocimiento de la opinión pública el entramado relacionado con la adición al contrato de la tristemente célebre ‘Ruta del Sol’ para construir la carretera entre los municipios de Ocaña y Gamarra, obra que sobre todo, terminaba por favorecer a la entonces mujer fuerte y ministra del gobierno santista Gina Parody cuya familia es propietaria de un puerto sobre el río Magdalena, ubicado en el municipio de Gamarra y como si eso no fuera suficiente, a menos de 2 kilómetros del lugar por donde pasaría la carretera adjudicada a dedo a Odebrecht pocos días antes de que comenzara la campaña en la que Santos se reeligió en la presidencia de la República.

Expertos en contratación pública, desde siempre han conceptuado que dicha carretera, la de Ocaña-Gamarra, debía adjudicarse a través de una licitación pública y no por medio de un otrosí como efectivamente ocurrió.

Es claro que Santos dio la orden de regalar ese billonario contrato con el fin de garantizar que Odebrecht, empresa campeona mundial en corrupción, irrigara los recursos necesarios para comprar su reelección.

La reciente revelación del columnista de este portal, Jaime Arizabaleta, es prueba fehaciente de la empresa criminal que se estructuró desde los cuarteles santistas y que se tradujo en uno de los peores escándalos de corrupción de la historia y al que, para mayor vergüenza de Colombia, la justicia dejó impune a pesar de la abultada colección de pruebas.

En su columna intitulada Santos, ladrón de presidencias, Arizabaleta puso en conocimiento de la opinión pública un correo electrónico que el día 25 de febrero de 2014 el entonces cabecilla de Odebrecht Eleuberto Martorelli, le remitió al oscuro Luis Fernando Andrade quien se desempeñaba como presidente de la ‘Agencia Nacional de Infraestructura’, entidad que estaba encargada de perfeccionar el cuestionado otrosí.

En la comunicación se lee: “Hola, Luis. ¿Cómo estás? Vi que postergaste la reunión sobre las 4G para la próxima semana. ¿Vas a NY para el seminario de América Society? Por otro lado, me gustaría de saber sobre el Otrosí de Ocaña-Gamarra-Puerto Capulco. Sé que avanzaron bien sobre la redacción del Otrosí y gustaría de saber cómo va el tema, ya que ayer estuve en la Casa de Nariño y me han cobrado sobre el asunto. Por favor, cualquier cosa me avisas. Un abrazo. (sic)“. Más claro imposible. Santos le regaló una obra costosísima a Odebrecht y esa empresa debía retribuir la generosidad presidencial inyectando los millones de pesos que se necesitaron para imponer la reelección, léase comprar la reelección.

Santos, con el cinismo y la cara dura que lo caracterizan, dirá que las autoridades electorales y la comisión de acusaciones lo absolvieron de toda culpa. Su caso es semejante al de Ernesto Samper, el testaferro político del ‘Cartel de Cali’.

Exigir que se haga justicia en un país cuya rama jurisdiccional es una cueva de Rolando, es una pérdida de tiempo. Infortunadamente, las cosas quedaron de ese tamaño. Santos logró que Odebrecht lo eligiera y reeligiera en la presidencia de la República. Los artífices de ese entramado de corrupción quedaron perfectamente impunes. Miles de millones de pesos están en poder de algunos de los más cercanos lugartenientes del exmandatario. Y acá ni pasó ni pasará nada porque frente a la cara de todos los colombianos Santos cometió el crimen perfecto.

@IrreverentesCol

Publicado: noviembre 1 de 2021