Al presidente Juan Manuel Santos (JMS) se le ocurrió dejar que los cultivos de coca crecieran después de haber logrado reducirlos considerablemente en los dos periodos de Álvaro Uribe Vélez (2.002 – 2.010), presentando en los últimos 8 años un crecimiento de casi el 600%.

Nunca el acuerdo de La Habana ha debido cumplir con esa exigencia de no tocar los cultivos, porque no era otra cosa que una gran estrategia para que la disidencia y los demás grupo al margen de la ley crecieran notablemente. Hoy, solo los de la Farc son más de 1.500 (sin mencionar al ELN y EPL, otrora grupos extinguidos), y que se encuentran repartidos en 15 frentes, que siguen reclutando no solo disidentes de las zonas veredales, sino de nuevos integrantes, generalmente gente joven. Y su contundencia es tal que incluso se ha exportado hacia Ecuador, convirtiéndose en una multinacional.

Según inteligencia militar los departamentos que tienen mayor presencia son: Guaviare, Cauca, Meta, Caquetá y Nariño, en especial las zonas de frontera con Ecuador. Zonas que no fueron ocupadas por el Estado cuando algunos frentes se amnistiaron. Y precisamente son los corredores de narcotráfico, pegados estratégicamente a Venezuela y al océano Pacifico.

Aunque el sustento económico de estos grupos sea el narcotráfico, aparentemente no solo esto es la motivación de su existencia. Tienen entre ellos lideres disidentes del proceso de paz que estuvieron en el transcurso del acuerdo en la Habana, y que pertenecieron nada menos que a los frentes uno y séptimo (hoy en disidencia), que son los más conocidos por su beligerancia y actitud política (por eso se molestan cuando los califican de simples bandidos), y se podría decir que son la escuela por donde pasan los mejores alumnos, y de donde egresaron gran parte de los jefes hoy amnistiados. Lo preocupante de la disidencia de la Farc es que ya empiezan a denotar cierta unidad de mando unificado, que utiliza la misma metodología de los frentes amnistiado, y pareciera como si fuera su brazo militar. Es decir quedan todavía muchísimos jefes (parece que más de 40), igualmente poderosos y del mismo perfil de Timochenko e Iván Márquez. O sea, el próximo presidente tendrá la gran responsabilidad de combatirlos con contundencia. El conflicto entonces apenas empieza.

Se podría concluir que el acuerdo de paz de Santos-Timochenko ha hecho metástasis con la disidencia, y su vigencia en el tiempo se sostendrá estratégicamente en el narcotráfico, capitulo que se ha convertido en una debilidad del acuerdo, sin mencionar los actos de corrupción en que se desarrolla su implementación.

Es casi seguro que JMS a pesar de ser un gran jugador de Póker no dimensiono esta variante, por lo que el proceso de paz se le ha salido de las manos y ha perdido su control.

@rodrigueztorice

Publicado: abril 19 de 2018