Al presidente Juan Manuel Santos (JMS) se le ocurrió dejar que los cultivos de coca crecieran después de haber logrado reducirlos considerablemente en los dos periodos de Álvaro Uribe Vélez (2002-2010), presentando en los dos periodos de JMS (2010-2018) un crecimiento de casi el 600%. 

Nunca el acuerdo de La Habana ha debido cumplir con esa exigencia de no tocar los cultivos (era un inamovible), porque no era otra cosa que una gran estrategia para que las disidencias y los demás grupos al margen de la ley crecieran notablemente. Hoy, solo los disidentes de las Farc son más  de 4.000, sin mencionar al ELN y EPL, otrora grupos extinguidos, y hoy muy vigorosos, repartidos en muchos frentes, que siguen reclutando no solo disidentes sino campesinos de las zonas veredales, generalmente gente muy joven, incluidos niños y niñas.  

Según inteligencia militar los departamentos que tienen mayor presencia son: Guaviare, Cauca, Meta, Caquetá y Nariño, en especial las zonas de frontera con Ecuador y Venezuela, zonas que no fueron ocupadas por el Estado cuando algunos frentes se amnistiaron. Y precisamente son los corredores de exportación de cocaína, pegados estratégicamente a Venezuela y al océano Pacifico, ambas plataformas de exportación de cocaína.

Aunque el sustento económico de estos grupos sea el narcotráfico, aparentemente no solo esto es la motivación de su existencia, tienen entre ellos “lideres” importantes, disidentes del proceso de paz, que estuvieron en el transcurso del acuerdo en La Habana, y que pertenecieron nada menos que a los frentes primero y séptimo (hoy en disidencia), que son los más conocidos por su beligerancia y actitud política (por eso se molestan cuando los califican de simples bandidos), y se podría decir que son la escuela por donde pasan los mejores alumnos, y de donde egresaron la mayor parte de los jefes hoy amnistiados. 

Lo preocupante de las disidencias de las Farc es que ya empiezan a denotar cierta unidad de mando unificado, que utiliza la misma metodología de los frentes amnistiados, y pareciera como si fuera su brazo militar. Es decir quedan todavía muchísimos jefes (parece que más de 40), igualmente poderosos y del mismo perfil de Timochenko. O sea, el próximo presidente tendrá la gran responsabilidad de combatirlos con contundencia. 

La guerra entonces apenas empieza. 

Se podría concluir que el acuerdo de paz de Santos-Timochenko ha fracasado y no solo ha hecho metástasis con las disidencias sino que los farianos amnistiados no están cumpliendo con lo acordado, además de los actos de corrupción en que se desarrolla la implementación del acuerdo y la evidente parcialización de la JEP.

La vigencia de las disidencias se sostiene en el narcotráfico (por eso era estratégico dejar crecer los cultivos de coca), capítulo que se ha convertido en una debilidad del gobierno al no poder extinguirlos. Es casi seguro que JMS a pesar de ser un gran jugador de póker no dimensionó esta variante, por lo que el proceso de paz se le ha salido de cause y ha entrado en su propio auto desmonte, a pesar de los esfuerzos del presidente Duque por cumplir lo acordado.

@GabrielTorices

Publicado: noviembre 5 de 2020