El fútbol es sinónimo de unión, de pasión, de reconciliación. Es, sin lugar a dudas, uno de los aspectos que más logran unirnos como País, aún en momentos donde la polarización política casi que forja una grieta en el seno de nuestra sociedad.

Sin embargo, la situación que está atravesando el fútbol femenino en Colombia es realmente preocupante. Las constantes denuncias de acosos y conductas inapropiadas por parte de ciertos funcionarios que se aprovechan de su posición está destruyendo la ilusión de cientos de niñas que quieren ver una opción en este escenario.

No puede ser posible que muchachas jóvenes que tienen toda la ilusión y la esperanza de realizar una carrera profesional en este deporte tengan que ver sometida su integridad a todo tipo de improperios en escenarios que deberían estar fomentando la competitividad, el respeto y la responsabilidad.

Esta situación exige sin lugar a dudas tomar todas las decisiones de fondo para corregir estas problemáticas. No solamente por la necesidad de proteger la integridad de la mujer en todos los escenarios, sino porque el deporte es un factor fundamental para evitar que las nuevas generaciones caigan en el vicio o la delincuencia y si no existen condiciones adecuadas para que las niñas ingresen a estos espacios, estaremos cerrándoles una ventana de oportunidades que como País debemos aprovechar.

Adicional a esto, para nadie es un secreto las desafortunadas dificultades por las que está pasando la liga femenina. La falta de recursos, de patrocinio y, en general, las dificultades económicas que ponen contra la pared la sostenibilidad del programa se avecinan en el horizonte como otro obstáculo en el proceso.

Por eso, este es el momento para que el fútbol femenino esté más fuerte que nunca. Ahora, antes de generar divisiones o desanimarse ante la dificultad, es necesario combatir no solamente de manera individual sino en general como sociedad con fortaleza y determinación por una causa más que justa y necesaria, la cual es el respeto por la mujer y la materialización de verdaderas condiciones de calidad para el fútbol femenino.

Se deben buscar alternativas y soluciones que permitan articular los esfuerzos institucionales con el sector privado, de tal manera que el anhelo de tener un fútbol profesional femenino sea una realidad permanente y no una efímera ilusión.

Afortunadamente, de la mano del gran liderazgo de Jorge Enrique Vélez y otros actores fundamentales como la Vicepresidente y la Ministra de Trabajo este anhelo no desfallece, sino que renueva en pro de una ilusión de todo Colombia.

Necesitamos miles de chicas superpoderosas más, que llenen de unión a los hogares colombianos y que lleven en alto el nombre de nuestro País a nivel internacional.

@Tatacabello

Publicado: marzo 15 de 2019