Los gobernantes suelen tener un catálogo de ideas y consignas para ejecutar el programa que quieren aplicar en el espacio material y temporal que les permite las normas. Uno de esos conceptos es de “la unidad política” de las fuerzas que requiere un país para sacar adelante  las metas diseñada en su campaña. El Presidente Iván Duque Márquez, desde las trincheras de la oposición y en las actuaciones expositivas recurrió a pedir la unidad de los partidos y a la unidad del “pueblo colombiano” para llevar adelante unas tareas en esta etapa crítica de nuestra sociedad del posacuerdo, no del “Posconflicto”, porque el conflicto continúa con tendencia a la alta.

En el discurso de posesión, el Presidente Duque reiteró su llamado a la unidad política de las organizaciones políticas. Más aún, hace unos días invitó a Palacio de Nariño, sede del Jefe del Estado, a todas y cada uno de partidos y movimientos con representación en el Congreso de la República. No habían traspasado el último dintel de la puerta de salida, cuando los partidos y corrientes volcaron su negativa al tipo de unidad del Presidente. Mejor se pliegan ante el Pacto Antinacional con las Farc y por ende defienden la presunta inocencia y las bondades aristotélicas de Jesús Santrich.

El presidente Iván Duque tiene el concepto de unidad equivocado. Convocar a la unidad de todas las fuerzas políticas es desconocer la estrategia de quienes  alimentan una posición protectora de todos los acuerdos con las Farc y las afectaciones contra la Constitución y la Democracia  del gobierno de  Santos. El primer mandato que debe cumplir el Presidente es la unidad del partido que lo eligió, junto con  otras fuerzas políticas que lo acompañaron. Duque tiene la obligación moral de gobernar con sus amigos y no con sus contradictores. Duque es, precisamente, fruto de los votantes del Centro Democrático y de los sufragantes independientes. Hay que tener el carácter suficiente para establecer la “unidad con el pueblo” y no con los bucaneros que vivieron en el mar de la “mermelada santista”. Su ensayo de gobernar con un gabinete apartidista es un fenómeno del ordenamiento ideal, mágico, que confunde a los militantes de su partido y distorsiona la pasión por los logros de una batalla electoral victoriosa. En  este caso la unidad es hacia dentro  no la unidad retórica con los de afuera.

El Presidente Duque ha realizado tareas relevantes y con brillo personal para la república como la unión de los gobiernos que rechazan al dictador Nicolás Maduro, ha establecido los pasos para la economía naranja y desfondado la economía del aguacate, ha sorteado sin muertos a los sedicentes indígenas cocaleros del Cauca y de los universitarios pandilleros. Pero Duque debe definir un modelo de unidad social y política que se consolide entre su partido y amigos. De lo contrario cargará con la irresponsabilidad de una  derrota electoral en Octubre, no obstante las fatigosas y complejas elecciones regionales en las cuales deben trabajar los líderes del partido que lo eligió.

Jaime Jaramillo Panesso

Publicado: junio 4 de 2019