Uno de los grandes cómplices de Juan Manuel Santos ha sido, sin duda alguna, el expresidente liberal Cesar Gaviria quien desde el primer momento se convirtió en un importante validador y promotor del gobierno santista.

Gaviria, que se encontraba en un supuesto retiro, dedicado a la contemplación de su colección de arte –cuyo origen es desconocido-, resolvió entrar a la arena política para ejercer la defensa de Santos y la promoción de su reelección en 2014.

El apoyo, fue generosamente recompensado. Simón Gaviria, conocido de autos por “leer” por encimita los proyectos de ley, fue nombrado en la dirección del Departamento Nacional de Planeación, cargo que ocupó hasta hace pocos meses.

Con Santos, Gaviria adquirió un inmenso poder. Se apoderó de la dirección del partido liberal y de toda su maquinaria electorera. Gracias a los ríos de mermelada, los liberales se apropiaron de buena parte dela burocracia nacional.

Si hubo un partido que se benefició del gobierno de Santos, este fue el liberal. Los cargos más relevantes, las entidades con mejores presupuestos y hasta las embajadas más apetecidas han sido ocupadas por fichas del liberalismo.

Por eso, causan estupor los recientes reclamos de Gaviria al presidente Santos, a quien le ha exigido que suspenda la “repartición” de mermelada. Curioso que el jefe del partido que más puestos ha recibido, ahora tenga el cinismo de demandar transparencia y honestidad por parte del gobierno.

Gaviria, promoviendo la reelección de Santos en 2014

Valga recordarle a Gaviria que uno de los liberales más obsecuentes, el senador Luis Fernando Velasco a quien le fue entregado el control de la USPEC –Unidad de Servicios Penitenciarios y Carcelarios-, entidad que maneja el multimillonario presupuesto para alimentación y seguridad social de todos los presos de Colombia, ha sido cuestionado por el manejo politiquero que le dio a la misma.

Con ocasión del plebiscito del 2 de octubre de 2016, cuando Gaviria fungió como uno de los principales promotores del SÍ, él no solo no impidió, sino que alentó al gobierno para que utilizara el presupuesto público a favor del SÍ, hecho que se constituyó en un evidente desequilibrio. A pesar de las trampas, de las tramoyas de las que Gaviria fue cómplice, el SÍ fue insospechadamente derrotado por la oposición liderada por el presidente Uribe.

Ahora que empieza la campaña presidencial y Gaviria puso a De La Calle, un candidato perfectamente inviable –en la más reciente encuesta de “Pulso País” obtiene el 6.3% de intención de voto- como aspirante de los rojos, en tono desafiante sale a reclamarle a Santos que suspenda la “repartición de burocracia”.

Parece un chiste de mal gusto que el jefe del partido que ha coadyuvado los abusos y los atropellos del gobierno santista a cambio de una tajada importante del botín burocrático nacional, tenga los arrestos de exigir transparencia.

Ahora que el gobierno de Santos termina de naufragar y que la aprobación de la administración es del 19% frente al 76% de colombianos que desaprueban la gestión del primer mandatario, resulta inaceptable que los antiguos aliados como Cesar Gaviria pretendan desmarcarse, dejando en evidencia un mezquino interés electoral.

Santos y todos sus socios, entre ellos Gaviria y el partido liberal, son los responsables de la debacle nacional y en consecuencia, deben ser implacablemente castigados por los ciudadanos en las elecciones de este año.

Así que Gaviria no crea que abandonando el barco minutos antes de sucumbir, se salvará de la sanción política que el pueblo le impondrá en las urnas, tanto en marzo –elecciones parlamentarias-, como en mayo, durante la primera vuelta, cuando su candidato Humberto De La Calle obtendrá un resultado que producirá física lástima.

@IrreverentesCol

Publicado: enero 24 de 2018