Quizás de las analogías de mayor impacto pedagógico que he leído últimamente es la publicación donde compara el cerebro como un centro de comando de funciones financieras. Dice la autora que el cerebro no esta hecho para pensar sino para dirigir los centros de costos que te mantienen con vida (Feldman L., nytimes.com). El cerebro, como el CEO de todos los sistemas de tu cuerpo.

Cuando hacemos ejercicio, se necesita glucosa y esta nos proporciona energía. El cerebro libera en las mañanas cortisol y este permite llenar el tanque de la glucosa para nuestras actividades. La sed, la necesidad de beber que experimenta un individuo, provocado por su instinto básico cerebral, le exige incorporar líquidos al cuerpo. Así regulamos el contenido de agua y  sales del organismo.

Estos son transacciones y movimientos con consignaciones y retiros. Comer, por ejemplo, es un depósito y caminar es un retiro. Cuando actuamos bajo la influencia de ansiedad y angustia  estamos retirando de la cuenta platica en efectivo. El cerebro administra un presupuesto corporal y los depósitos que ingresan. Estas monedas son agua, glucosa y sal.

Hay una escala de necesidades básicas que todo ser humano requiere: subsistencia (salud, alimentación) protección (seguridad, vivienda, pensión). Identidad, libertad (igualdad de derecho), creación (educación, habilidades, destreza y deportes). La ciudadanía le entrega a cada individuo una cuenta de ahorro o depósito de bienes como titular de unos derechos y deberes como miembro activo de un estado. Este presupuesto consignado permite que el cerebro de cada uno de los individuos que habitan un territorio encuentre los fondos sociales que permitan satisfacer las necesidades esenciales señaladas. Es el banco nacional cuyos dos lemas debe ser: equidad e igualdad de oportunidad.

Seamos pragmáticos: esta metáfora no funciona y dentro de un mismo estado hay lugares donde el depósito de bienes no se ha hecho y sus individuos viven en un sector ausente de bancos o marginado que no facilita que obtenga la consecución de estas necesidades o derechos esenciales. Ante esta situación inequitativa, ¿cómo se defiende el cerebro como administrador de presupuesto corporal? Buscar otras latitudes y soñar con otras geografías que ofrezcan estos bienes. La migración, aunque sea ilegal tiene esta capacidad. Es la búsqueda de una mejor calidad de vida, de un mejor presupuesto como ser humano.

Este es el mejor ejemplo para explicar desde la óptica de las neurociencias el comportamiento del cerebro de las personas que viven en las zonas limítrofes. Hay una tendencia biológica a la búsqueda del bienestar y acá las fronteras no existen, los linderos no funcionan, las territorialidades no se aceptan y los muros no atajan. Está vigente el antiquísimo problema de los limites de Antioquia y Córdoba y como los nativos cordobeses que viven en los corregimientos y municipios del área en conflicto, tienden hacia el departamento que ofrezca el mejor depósito de bienes sociales. Y si a esto le agregamos la ausencia del ente territorial, construimos los puentes que explican el desplazamiento: físico y afectivo. Las consignaciones que hacemos en los impuestos deben reflejarse en obras y mejor calidad de vida. Bienestar en lo material y emocional. La salud mental, el valor agregado más importante de un estado justo.

No olvidemos: ante un peligro inminente y una situación critica el cerebro esta preparado para acudir a estrategias que garanticen la supervivencia. Es tan activo este sistema que las carencias que los individuos detectan encienden el automático y aparece “una trocha” cerebral que desconoce  linderos geográficos y los mojones territoriales.

@Rembertoburgose

Publicado: diciembre 11 de 2020