El caso Ramos Botero ha tomado un insólito y depravado camino que lleva al total descarrilamiento del sistema judicial colombiano. La presentación pública del Fiscal Néstor Humberto Martínez es de una picardía única pues  cuando el asunto central era la corrupción de los ex magistrados del más alto Tribunal, Leónidas Bustos, Ricaurte y Tarquino el Impuro, el Fiscal tira la piedra y  esconde la mano al señalar con la frase “entre otros”, el nombre de Luis Alfredo Ramos, transformando  una sospecha en una difamación, mejor dicho, en un señalamiento indiciario,  puesto que el proceso de Ramos Botero había surtido todos los pasos que conducían a  su plena absolución, no solo por el concepto de la procuraduría favorable, sino porque los testigos fueron desechados como falsos y en consecuencia pruebas que no podían utilizarse en su contra. De tal suerte que el sindicado Ramos Botero mal haría en recurrir a presuntos sobornos que no necesitaba, ya que su  proceso andaba por sederos correctos aunque estuviera viciado, ante la opinión pública, de un sesgo político deducible.

El caso estaba y está para la audiencia final de lectura de sentencia que, extrañamente, se aplaza y aplaza. Y ese comportamiento de la Sala Penal de la Corte Suprema de Justicia es el que debiera investigarse y no echar lodo sobre la  víctima que estuvo detenido más de tres años de manera preventiva.

Lo que queda flotando es la suspicacia siguiente: dizque la muy posible sentencia favorable para Ramos Botero podría ser debido a la intervención  del ex vicefiscal Gustavo Moreno, quien fue abogado defensor de Ramos hace más de dos años, cuando  cambió de abogado para este litigio. El abogado Moreno, por darse bombo ante su posible cliente, el exgobernador del Departamento de Córdoba, prófugo en Miami, al dar nombres de los beneficiados con sus actuaciones ilegales y delincuenciales implicó, de su propia vanidad y caletre, varios nombres, entre ellos Ramos Botero, quien en estos momentos goza de libertad, no por gestiones del abogado Moreno, sino por su nuevo defensor y determinación judicial.

El país se siente avergonzado por el problema de fondo: el descubrimiento de la  corrupción  en la más alta jerarquía de la justicia, la que posaba de limpia, pura y demorada. Hace unos años, un magistrado de la corte dijo, ampulosamente: “este es el siglo de los jueces”. Esta clase de jueces que tienen  siglo propio y facturan providencias al mejor costo, hunden la calidad humana y el justo y honorable ejercicio de cientos de jueces que no venden sentencias, ni órdenes de libertad para favorecer a los criminales, a los mafiosos o a los terroristas.

Ya teníamos investigados y procesados a varios magistrados de Villavicencio, para muestra de otro botón de lujo en la solapa. Lo cual indica que hay podredumbre  en la admirada casa de la diosa de los ojos vendados. Debe ser que se le oxidó el fiel de la balanza y le voltearon los ojos por atrás de su cabeza. Ahí quedamos los abogados colombianos tirados de cúbito dorsal.

Jaime Jaramillo Panesso

Publicado: agosto 22 de 2017