La vergonzosa imagen del expresidente Santos, reunido en un oscuro restaurante del centro de Bogotá con 3 magistrados de la corte constitucional de su entera confianza, Alejandro Linares, Cristina Pardo y Diana Fajardo, esta última impuesta por las Farc en el máximo tribunal constitucional de nuestro país, es realmente grave y obliga a que la comisión de acusaciones emprenda, cuanto antes, una investigación contra esos tres funcionarios judiciales. 

Santos, como parte interesada en el debate sobre la aspersión aérea de cultivos ilícitos, no puede reunirse por fuera de la corte con los magistrados que van a decidir sobre ese asunto. 

El ahora expresidente, que durante su gobierno complació a los terroristas de las Farc permitiendo que nuestro país se convirtiera en un mar de coca, se ha empleado a fondo para evitar que la fumigación aérea vuelva a ser implementada. ¿Qué busca el hombre que en su momento le entregó el país a las Farc? Si en efecto Santos, por debajo de la cuerda, se comprometió con el narcotráfico a no combatir los cultivos ilícitos -algo que efectivamente sí hizo-, aquello no obliga de ninguna manera al presidente Iván Duque.

Las 3 personas que fueron pilladas almorzando en las penumbras de un cuchitril del centro de Bogotá, son unos operadores políticos de baja categoría que por supuesto no merecen el honor de fungir como magistrados de la corte constitucional.

Han prevaricado y si en nuestro país algo queda de justicia, deben ser sancionados penalmente por su comportamiento deleznable, vergonzoso, ruin, canalla y abiertamente corrupto. 

De Santos nada mejor puede esperarse. Como bien lo apuntó en su columna en LOS IRREVERENTESel abogado Abelardo De La Espriella, “la trampa, la marrulla, la mentira, la falsedad, la corrupción, la maturranga y la deslealtad son los elementos predominantes de la personalidad de Juan Manuel Santos”.

Lo natural en él es que haya llevado a un sótano a los magistrados que deberán decidir sobre un asunto en el que tiene interés directo y evidente. Sabiendo que sus capacidades argumentativas y dialécticas son angustiosamente limitadas, optó por convocar a los jueces de su causa a una oscura cafetería donde cuadró el sentido del fallo que habrán de emitir en los próximos días. 

Conduele el asqueroso nivel de inmoralidad de nuestros jueces. Unos, como el delincuente Julián Bermeo, se embuten los fajos de dólares bajo las axilas y otros, como los conmilitones de Santos, permiten que los interesados en las casusas que llevan, les dicten lo que deben decidir.

Pasamos entonces del vergonzoso cartel de la togaen la corte suprema de justicia, al cartel de los prevaricadoresen la corte constitucional. 

Los señores Linares, Pardo y Fajardo, de entrada, deberán ser recusados y apartados de manera inmediata de la discusión sobre la fumigación aérea de narcocultivos. Pero aquello no los exime de la investigación ante su juez natural -el Congreso-, rama del poder que, en aras de salvaguardar la dignidad de la República debe proceder con toda verticalidad y declarar, cuanto antes, la indignidad de esas tres personas que se hacen llamar “magistrados”. 

@IrreverentesCol

Publicado: marzo 11 de 2019